El Bronx, N.Y. — De 25 años a cadena perpetua sentenció el juez Steven Barret a Miguel Matías por el asesinato de su hija Ana, de tan sólo 14 años, a la que había embarazado, estrangulado y posteriormente quemó en el incinerador del edificio donde trabajaba como superintendente.
Antes de dictar sentencia, el juez dio la palabra a la familia de la víctima. Entre sollozos habló Jocelyn Balbi, madre de la niña, quien pidió al juez justicia y solicitó: “Nunca le deje salir [de la cárcel]. ¡No lo merece!”.
José Antonio Balbi, tío de la víctima, preguntó directamente en español al asesino: “Miguel Matías, yo en verdad no entiendo por qué mataste a Ana, la violaste y la quemaste. Ahora mi hermana y tus otros dos hijos [Raymon (15) y Derek (12)] están destrozados”. Dirigiéndose en inglés al juez pidió: “Que este hombre no pise la calle porque si le veo en la calle no sé lo que le voy a hacer”.
La activista Awilda Cordero, que acompañaba a la familia y tradujo al inglés sus declaraciones, también se dirigió al juez dijo: “Yo me ocupé del funeral de Ana, pero no teníamos un cuerpo para enterrar sino huesos…”. Lamentando que no se pueda aplicar de forma retroactiva la ley Nixzmary, que le condenaría a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, Cordero finalizó: “Matías es un peligro para la comunidad, asegúrese que no salga”.
Finalmente un sollozante Matías habló al juez: “Quiero pedir perdón porque no sabía lo que estaba haciendo… por lo que hice debo ser castigado por la ley, lo comprendo, pero por favor tenga piedad de mí”.









