NUEVA YORK — La caída del vuelo 587 de American Airlines hace ocho años le quitó al joven Roberto Jiménez a su padre, pero no su meta de lograr un futuro mejor terminando una carrera universitaria, gracias a la beca “Flight 587 Memorial Scholarship”, aprobada por el estado de Nueva York para los huérfanos de la tragedia.
Roberto Jiménez, de 21 años, perdió a su padre Roberto Jiménez Pérez, de 37 años, y a su hermano Jayke, de 10 meses de nacido. Padre e hijo viajaban desde Nueva York hacia la República Dominicana para que la familia conociera al menor, y luego Jiménez Pérez viajaría a Aruba, a encontrarse con su hijo mayor, Roberto.
“Yo nací en Aruba y mi padre iba primero a viajar a la isla para verme, pero luego decidió cambiar de plan y se montó en el vuelo 587 hacia República Dominicana, porque quería que mis tías conocieran al bebé”, dijo Jiménez. “Yo estaba jugando al béisbol en Aruba y mi madre fue a verme y me dijo que mi padre había tenido un accidente. Yo pensé que no se trataba de algo grave. Luego supe que había muerto en el vuelo”, dijo Jiménez, quien en ese tiempo tenía 13 años.
Cuando el joven terminó la secundaria, con el sueño de terminar la carrera de Contabilidad, viajó a Nueva York con una visa de estudiante internacional, y Belkis Lora, la presidente del Comité en Memoria del Vuelo 587, lo ayudó a conseguir la beca, y hoy día cursa dicha carrera en el Borough of Manhattan Community College. “Yo quiero graduarme de Contabilidad Forense, terminar la maestría y quizás trabajar algún día para el FBI”, agregó.
En este octavo aniversario de la tragedia del vuelo 587, ocurrida el 12 de noviembre de 2001, donde perecieron 265 personas, 175 de ellas de origen dominicano, Jiménez se hizo un tatuaje en el antebrazo derecho en honor a su padre, donde aparece un hombre corpulento cargando un avión, con dos lágrimas brotándole de los ojos. “Ese hombre soy yo, cargando el avión para que no se caiga. Las dos lágrimas son por mi padre y por mi hermano”, dijo Jiménez.
jose.acosta@eldiariony.com
NUEVA YORK — La caída del vuelo 587 de American Airlines hace ocho años le quitó al joven Roberto Jiménez a su padre, pero no su meta de lograr un futuro mejor terminando una carrera universitaria, gracias a la beca “Flight 587 Memorial Scholarship”, aprobada por el estado de Nueva York para los huérfanos de la tragedia.
Roberto Jiménez, de 21 años, perdió a su padre Roberto Jiménez Pérez, de 37 años, y a su hermano Jayke, de 10 meses de nacido. Padre e hijo viajaban desde Nueva York hacia la República Dominicana para que la familia conociera al menor, y luego Jiménez Pérez viajaría a Aruba, a encontrarse con su hijo mayor, Roberto.
“Yo nací en Aruba y mi padre iba primero a viajar a la isla para verme, pero luego decidió cambiar de plan y se montó en el vuelo 587 hacia República Dominicana, porque quería que mis tías conocieran al bebé”, dijo Jiménez. “Yo estaba jugando al béisbol en Aruba y mi madre fue a verme y me dijo que mi padre había tenido un accidente. Yo pensé que no se trataba de algo grave. Luego supe que había muerto en el vuelo”, dijo Jiménez, quien en ese tiempo tenía 13 años.
Cuando el joven terminó la secundaria, con el sueño de terminar la carrera de Contabilidad, viajó a Nueva York con una visa de estudiante internacional, y Belkis Lora, la presidente del Comité en Memoria del Vuelo 587, lo ayudó a conseguir la beca, y hoy día cursa dicha carrera en el Borough of Manhattan Community College. “Yo quiero graduarme de Contabilidad Forense, terminar la maestría y quizás trabajar algún día para el FBI”, agregó.