La crisis financiera y la recesión económica se han sumado a lo que ya era una presión brutal para tantos neoyorquinos. El aumento de los alquileres, salarios estancados y el alto costo de vida - agravado por el acoso a inquilinos y un énfasis en la construcción de mega-desarrollos en lugar de vecindarios habitables – dispararon el desplazamiento de familias pobres y de la clase obrera en toda la ciudad.
En el último año, más de 4 de cada 10 latinos de bajos ingresos o bien tuvieron sus salarios o sus horas de trabajo reducidas, o perdieron sus empleos o ambas cosas. Los bancos de alimentos no aguantan el ritmo de demanda de alimentos. La cantidad de neoyorquinos desamparados en refugios se encuentra en un nivel récord. La Ciudad de Nueva York tiene más de un millón de personas que viven en la pobreza.
Después de una década desperdiciada exaltando a los ricos y sus excesos, demasiados neoyorquinos ahora pagan el precio por decisiones tomadas en Washington, en Wall Street y en el Ayuntamiento. Ahora lo que la Ciudad de Nueva York necesita es un ejecutivo con una perspectiva equilibrada hacia el desarrollo y el crecimiento. Un crecimiento donde las familias que más lo necesitan sean una alta prioridad. Este líder es Bill Thompson.
Thompson tiene un historial excelente en el sector público y privado. Durante casi ocho años, ha servido a esta ciudad como contralor. Ha gestionado con éxito miles de millones de dólares en fondos de pensiones, poniendo de relieve las deficiencias y disparidades en los servicios críticos de la ciudad, y, cuando se trató del manejo de activos y contratos de servicios críticos de la ciudad, hizo hincapié en tener en cuenta a las comunidades que históricamente han estado ausentes de la mesa.
Con una clara comprensión de las presiones que pesan sobre los inquilinos, Thompson le ha pedido a Albany que derogue la Ley Urstadt y le devuelva el control de las leyes de alquileres locales a la ciudad, en lugar de al Estado. Como alcalde, Thompson, estaría a favor de este y otros cambios en las leyes que ahora desfavorecen a los inquilinos. El promocionaría vivienda asequible en el contexto de las necesidades específicas de los barrios. Thompson también quiere poner a las pequeñas empresas al frente y al centro de la estrategia de desarrollo económico de la ciudad.
Thompson respeta los vehículos con los que los neoyorquinos cuentan para la rendición de cuentas del gobierno, incluyendo la oficina del defensor público. Se ha ganado el respaldo de respetables funcionarios electos, incluyendo el de la congresista Nydia Velázquez, el congresista José Serrano, el presidente de El Bronx Rubén Díaz, Jr. y el asambleísta Adriano Espaillat. También cuenta con el apoyo del mayor sindicato municipal de la ciudad, el District Council 37, del Sindicato de Trabajadores del Transporte y de la Asociación de Bomberos Uniformados.
El titular, el alcalde Michael Bloomberg, guió a la ciudad de forma segura tras los temores del 11 de septiembre. Obtuvo el control de las escuelas públicas, como un requisito previo para su mejora. Presentó el plan Ciudad de Nueva York 2030, un plan sostenible para la ciudad. Pero su gobierno ha actuado de una manera que contradice el espíritu de su propio plan. Los intereses comunitarios a menudo han caído en oídos sordos de Bloomberg - desde el Sur del Bronx, donde los residentes sienten que el nuevo estadio Yankee, que sus representantes defendieron tan apasionadamente, dejó un sabor amargo en ese vecindario; a Brooklyn, donde 40 organizaciones de negros, hispanos y judíos fueron excluidos del proceso de desarrollo de su gobierno para el Triángulo de Broadway.
Mientras que Bloomberg merece crédito por haber puesto la reducción de la pobreza en su agenda, el persistente aumento de desamparados durante su gobierno, los años de retrasos en responder a los jornaleros, el menosprecio de los trabajadores de atención domiciliaria para niños y la amenaza que representa el contrato de consultores costosos para reemplazar trabajadores de la ciudad de salarios bajos, le manda un mensaje diferente a familias que pasan por dificultades.
Pero el legado de Bloomberg se ha visto más empañado por la descarada maniobra antidemocrática con la que logró cambiar los límites a la reelección. Dos veces, los neoyorquinos votaron para limitar el servicio de los funcionarios locales electos a dos mandatos. En lugar de respetar este mandato, Bloomberg y sus asociados le vendieron la idea de anular los límites de gobierno a consejos editoriales de periódicos locales, presionaron a los jefes de organizaciones sin fines de lucro que dependen de los donantes privados y de la financiación de la ciudad, para que hablaran ante el Concejo Municipal en apoyo al cambio para extender los límites de mandato, y se las ingenió para agotar el tiempo para realizar un referéndum.
Todo esto no es simplemente un esquema intrigante: es un grave abuso de poder. Incluso el presidente venezolano Hugo Chávez realizó un plebiscito sobre la extensión de su estancia en el poder. A los neoyorquinos ni siquiera se les brindó esa oportunidad.
Con un gobierno de la ciudad que de por sí está a favor de la rama ejecutiva, el monopolio de poder de Bloomberg transmite un mensaje claro: la capacidad del electorado para desafiar el poder y sus decisiones está en serio peligro. La perspectiva de un alcalde con tendencias de emperador, sienta un mal presagio para nuestra ciudad.
Bloomberg tuvo sus ocho años. Es hora que la ciudad siga adelante con un nuevo liderazgo. El 3 de noviembre, urgimos a los neoyorquinos a emitir su voto por Bill Thompson.