Bil Thompson. Foto: AP
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La crisis financiera y la recesión económica se han sumado a lo que ya era una presión brutal para tantos neoyorquinos. El aumento de los alquileres, salarios estancados y el alto costo de vida - agravado por el acoso a inquilinos y un énfasis en la construcción de mega-desarrollos en lugar de vecindarios habitables – dispararon el desplazamiento de familias pobres y de la clase obrera en toda la ciudad.

En el último año, más de 4 de cada 10 latinos de bajos ingresos o bien tuvieron sus salarios o sus horas de trabajo reducidas, o perdieron sus empleos o ambas cosas. Los bancos de alimentos no aguantan el ritmo de demanda de alimentos. La cantidad de neoyorquinos desamparados en refugios se encuentra en un nivel récord. La Ciudad de Nueva York tiene más de un millón de personas que viven en la pobreza.

Después de una década desperdiciada exaltando a los ricos y sus excesos, demasiados neoyorquinos ahora pagan el precio por decisiones tomadas en Washington, en Wall Street y en el Ayuntamiento. Ahora lo que la Ciudad de Nueva York necesita es un ejecutivo con una perspectiva equilibrada hacia el desarrollo y el crecimiento. Un crecimiento donde las familias que más lo necesitan sean una alta prioridad. Este líder es Bill Thompson.

Thompson tiene un historial excelente en el sector público y privado. Durante casi ocho años, ha servido a esta ciudad como contralor. Ha gestionado con éxito miles de millones de dólares en fondos de pensiones, poniendo de relieve las deficiencias y disparidades en los servicios críticos de la ciudad, y, cuando se trató del manejo de activos y contratos de servicios críticos de la ciudad, hizo hincapié en tener en cuenta a las comunidades que históricamente han estado ausentes de la mesa.