Nueva York/especial para edlp — “¿Te parece un disparate? Le preguntó tímidamente Franck de Las Mercedes a otro amigo pintor. “Sí, un disparate total; pero un disparate que me hubiera gustado se me ocurriera a mí”, le contestó algo celoso y entusiasmado el colega. Así comenzó en mayo de 2006 el proyecto ‘Las Cajas de Prioridades’; una iniciativa que este joven artista nicaragüense nunca imaginó llegaría a convertirse en un verdadero movimiento social. “Pensé que iba a ser una cosa de meses y mira ya vamos por el cuarto año y está logrando muchísima fuerza”.
La primera caja de cartón que partió del domicilio y estudio de Franck en Weehawken, Nueva Jersey, llevaba el letrero de frágil anunciando que el contenido debía manejarse con cuidado. Es que en su interior trasladaba algo de un valor incalculable: paz. “Estábamos en plena guerra con Iraq y me pareció que era el mejor símbolo para expresar mi mensaje”, sostiene.
El rumor del pintor de las cajas circuló más rápido que la pólvora y empezó a recibir pedidos de distintos rincones del mundo. “Se fue dando espontáneamente y no me pedían únicamente paz sino otras cosas: igualdad, esperanza, libertad, coraje y creatividad”.
Cada caja, pintada a mano en el estilo abstracto de este artista que usa una paleta de estridentes colores, es única y lleva su mensaje en forma gratuita. Franck sólo pide una cosa a cambio: que quien recibe la encomienda envíe una foto de la caja y su nuevo hogar. En su página de Internet se ve una caja de derechos humanos con el fondo de Jerusalén; otra que lleva igualdad sostenida por una pareja de lesbianas y una mujer soldado que posa con una que contiene paz. “La obra no está terminada hasta que no recibo la foto”, afirma el pintor.
Franck ya ha despachado más de 8,000 cajas y tiene alrededor de unos 500 pedidos pendientes. “Es difícil porque también me tengo que dejar tiempo para pintar mis cuadros pero hago malabares para poder cumplir”. Las cajas también están siendo pedidas por escuelas y muchos maestros de arte incorporaron el proyecto como parte de sus programas de enseñanza.
Gracias a su original emprendimiento este pintor de 37 años ha dado a conocer su arte, cuadros de enormes dimensiones donde, afirma, vuelca sus sentimientos; los lindos y los feos, transformándolos en algo bello. “Lo de las cajas tuvo varios coletazos inesperados. Me enorgullece en principio haber contribuido a generar un debate porque cada caja dispara preguntas en la gente que se pone a reflexionar qué están haciendo ellos por lograr la paz o cómo hacer para lograr un mundo más equitativo. En lo personal, me han permitido mostrar lo que yo hago y también estoy agradecido por eso”.
Nació en la ciudad de Masaya, nombrada así por un volcán aún activo, y llegó a Washington Heights a los 12 años junto a su madre y sus hermanos. Aquí se volvió un chico tímido, para adentro y la música y la pintura le permitieron crearse un mundo propio donde sentirse seguro. “Afuera había mucha violencia. En Nicaragua había balazos por la guerra; aquí los balazos eran entre pandillas por el crack”.
Sin demasiados medios para estudiar arte, Franck siguió adelante con sus dibujos, sus bosquejos y su pintura pero se vio obligado a relegarlos al lugar de pasatiempo. “Llegó un punto en el que me estaba volviendo muy infeliz por no poder hacer lo que me gustaba”, cuenta. La oportunidad llegó de la manera menos pensada. Después de los atentados del 9/11 perdió su empleo y se decidió a darse la educación que no había podido lograr antes. “Me interné en la biblioteca pública de la 5ta avenida, un sitio maravilloso y pasé allí casi cuatro años enteros leyendo cuanto libro de arte tienen; pidiendo prestados videos y dvd’s. Me nutrí de todo, teoría y práctica”.
Todo eso lo vuelca en cuadros gigantes, de hasta 8 pies de alto, siguiendo un impulso que describe como algo físico. “Siento algo en el pecho que me hace empezar y terminar una obra”, cuenta.
Trabaja en series y por estos días ha estado ocupado en ‘El aperreamiento’, una colaboración con el escritor Roberto Carlos Pérez. “Mi pintura ilustra su cuento donde narra la historia de dieciocho caciques que fueron torturados y asesinados por los españoles en 1528. El método era tan brutal como implacable; les tiraban una jauría de perros hambrientos mientras la muchedumbre observaba”. El resultado es una obra que plasma el abuso de los hombres con sus semejantes y a su vez con los perros que también eran víctimas de maltrato.
Pinta todos los días con una disciplina fuerte. Esa es su única musa y no la inspiración. “La inspiración es una mujer arrogante y hermosa de la que estoy perdidamente enamorado y que viene cuando se le antoja y luego me deja sin explicaciones. La disciplina, en cambio, está siempre conmigo”.
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