NUEVA YORK
— “Con el actual costo de la gasolina, el trabajo de taxista está como la vaca de Nena, que en lugar de dar leche da pena”.Así piensa Francisco Alba, quien lleva 38 años de los 62 que tiene de vida, trabajando tras el volante de un taxi Livery (taxi sin medallón) , en los barrios pobres de Nueva York.
“Yo empecé a trabajar como taxista en 1970. En esa época no existía la Comisión de Taxi y Limosina, TLC, y los controles se hacían a través del Departamento de Vehículo de Motor. Los taxis Livery tenían taxímetros y la tarifa mínima era 1.50 (por viajes de unas cuatro cuadras). La gasolina costaba entonces 29 centavos el galón, y el peaje en los puentes de la ciudad costaba 25 centavos”, dijo Alba.
En sus 38 años tras el volante, Alba ha sufrido numerosos asaltos, en algunos de los cuales casi pierde la vida, y pese a ello se ha mantenido fiel a su trabajo.
En 1973, tres afroamericanos, mientras esperaba el cambio de luz en un semáforo en la Quinta Avenida y la calle 130, le pusieron una pistola en la cabeza, lo sacaron de auto, lo colocaron en el asiento posterior, y después de quitarle el pantalón y todo lo que había ganado ese día, lo abandonaron sin las llaves de auto en plena ciudad.
“Yo llegué al cuartel de policía en calzoncillos, y los policías sólo se echaron a reír”, dijo Alba.
Pero en 2003 por poco pierde la vida cuando, al montar un pasajero hispano, éste, no bien llegó a su destino en la calle 188 en El Bronx, tras pedirle el dinero y anunciarle que era un robo, le pegó a Alba dos balazos.
“Una de las balas me llevó un trozo de un dedo y la otra me entró por la mejilla y me salió por la boca. Estuve a punto de morir. Duré varios meses con alambres en la boca y alimentándome a fuerza de líquidos. Y aún así no dejé el trabajo. No se puede tener miedo cuando se tienen 8 hijos que mantener”, dijo Alba.
Alba trabaja en Unica Luxury Car, base de taxis localizada en el 1684 de la avenida Gleason, en El Bronx.
Aseguró que el precio de la gasolina comenzó a aumentar en 1973, ya que que el precio del galón pasó de 29 centavos a cerca de 50 centavos.
“Yo recuerdo que se produjo una crisis tan grande de gasolina, que para uno poner gasolina en el carro había que hacer una fila de hasta 5 y 6 cuadras”, dijo Alba.
“Pero en esa época, con lo que uno ganaba, podía pagar alquiler y comida sin mucho esfuerzo. Ahora, con la gasolina a más de 4 dólares, tenemos que trabajar más de 12 horas para llevar el pan de cada día a nuestras familias y para poder pagar el alquiler. Nosotros, los taxistas, salimos a buscar por lo menos 150 dólares por día a la calle, para llevarnos, con los descuentos, de 40 a 50 dólares a la casa”, dijo Alba.
El conductor aseguró que, a consecuencia de la crisis, que ha llevado los precios de los artículos de primera necesidad a las nubes, “los clientes en estos barrios pobres donde nosotros trabajamos han disminuido, ya que prefieren viajar en autobús o en tren. Muchas veces, cuando uno lleva a una familia al hospital, y le pide 12 dólares, sólo te dan 10, y uno tiene que aceptarlo porque entiende la situación y uno no la va a dejar en la calle”.
Alba dijo que la situación de los taxistas sin medallón se agrava más con “la falta de consideración de la policía”.
“Antes, cuando uno se estacionaba en doble parqueo, la policía sólo te decía que te movieras; ahora te dicen por los altavoces que no te muevas, porque te van a poner una multa”, dijo el taxista.
“Nosotros, ahora mismo, como están los costos de la gasolina, sólo estamos trabajando para comida y alquiler, aguantando los más posible hasta que la situación mejore”, agregó Alba.
jose.acosta@eldiariony.com













