Amylulita Meneses y Marcelo Cunning, los creadores de Nacotheque. (FOTO: SSP)
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Nueva York/especial para EDLP

— La pista de baile arde, late; parece adquirir vida propia con los cientos de pies y cuerpos que se bambolean frenéticamente arriba suyo. Desde sus consolas, los disc-jockeys practican su alquimia y llevan a la muchedumbre danzante a su máxima expresión. Lo logran con una batería infalible: una canción de la blonda brasileña, Xuxa, luego una ranchera, seguida de un tema de la banda Timbiriche; un poquito de la estrella madrileña La Prohibida y para rematar una cumbia villera; un ritmo que comenzó en los barrios marginales argentinos.

Cuando todo indicaba que habría un momento para tomarse un respiro los parlantes vibran escupiendo un ‘Para enamorarse bien hay que venir al sur/ lo importante que tu vayas cuando quieras tú/y si sufres no lo pienses más,/espera que te pase y vuélvete a enamorar’. Las estrofas las canta Rafaella Carrá y la multitud estalla en éxtasis, olvidando por completo las presiones de la ajetreada vida neoyorquina. El mandato es pasarlo lo mejor posible y bailar hasta que las piernas pidan basta. La gente obedece y los dj’s dan su misión por cumplida.

Pero estos pinchadiscos, Marcelo Cunning y Amylulita Meneses no son solamente responsables de la música; son además los ideólogos de esta particular fiesta que sábado de por medio se le ríe en la cara a los selectos clubs neoyorquinos; esos donde porteros semipoderosos deciden arbitrariamente quién queda de un lado de la cuerda de terciopelo y quién del otro. Aquí, en un sótano del Lower East Side, tienen la oportunidad de desquitarse todos aquellos a los que alguna vez se les negó la entrada a una disco. Este verdadero antídoto contra el esnobismo neoyorquino es Nacotheque o la disco de los nacos; el niño mimado de Marcelo y Amylulita.

El vocablo es de origen mexicano como Marcelo, que nació en Guadalajara, pero cada cultura tiene sus nacos propios: en Colombia los ñeros; cacos en Puerto Ricos; los gronchos en Argentina y los cholos en varios países andinos.

“El nombre se lo pusimos en tono irónico”, comenta Marcelo, un joven de penetrantes ojos verdes e impecable sonrisa. “Pero es nuestra forma sutil de decirles a los arrogantes y a la gente pretenciosa que quizás éste no es el lugar que más les va a gustar. Quienes vienen a la Nacoteca vienen a divertirse y a escuchar buena música”, agrega. Y precisamente la música es uno de los factores más distintivos de esta propuesta. La nacoteca comenzó hace ya dos años de la mano de un eslogan que pinta perfectamente a la disco: ‘música de calidad para gente corriente’.

“Siempre estamos buscando cosas nuevas y reciclando viejas”, dice Amylu. Para nosotros el único criterio es que la música sea buena. Con Marcelo nos pasamos revisando que hay en myspace, en Internet, para rescatar a músicos nuevos no muy conocidos y promoverlos en nuestras fiestas”, agrega.

Un gigantesco mural logra que al menos un sector de este subsuelo debajo del bar Fontana’s —sobre la calle Eldridge, entre Broome y Grand— parezca una playa de palmeras y anaranjado atardecer. Apoyados sobre ese tropical escenario Amylu y Marcelo hablan apasionadamente de los estilos musicales que les quitan el sueño. “Puede ser la cortina musical de una novela vieja pero remixada, con un toque electrónico o uno de los temas de Juan Gabriel”, explica Marcelo mientras se acomoda una boina de cuero negro. “El criterio más importante es que todo lo que pasamos es en español”, agrega Amylu.

Buscar y hurgar en el pasado y el presente hasta encontrar el mejor exponente en español del pop-rock, baile funk, nueva ola o de los 80’s no es un capricho de estos jóvenes, sino que obedece a un objetivo bien definido: “Por un lado intentamos darle un ámbito a artistas nuevos para que difundan su trabajo. Si tú escuchas la radio en español te darás cuenta que siempre pasan lo mismo; no hay un espíritu de buscar cosas nuevas, de innovar; es todo muy comercial. Además en la Nacoteca estamos mostrando constantemente que los hispanos no escuchamos únicamente música caribeña”.

La turba se mueve al unísono esta vez al ritmo de una canción de Amandititita, la cantante mexicana —hija de un diputado del PRI— conocida como la reina del sonidero callejero y la anarcumbia; como su nombre lo indica una mezcla de cumbia con un toque anárquico. Pero esa gran masa exaltada y feliz nada tiene de masificada. En Nacotheque ningún look es igual al otro; no hay jeans de marca ni uniformes a la hora de vestir. Los nacotecos celebran la diversidad y disfrutan siendo originales.

Moviéndose al compás de ‘una libra de cadera no es cadera/dos libras de cadera no es cadera’, las célebres estrofas de ‘Tu pum pum’, de Jhonny Prez, está Johanna Laracuente, una boricua de turbante y párpados pintados de púrpura. “Marcelo y Amylu se han montado algo increíble y yo estoy siempre aquí en sus fiestas. La verdad es que nos han cambiado la vida a muchos”, agrega. Luego se pone más seria: “La Nacoteca combate los estereotipos que hay alrededor de nosotros los latinos. No todos somos salseros; no a todos nos gusta la bachata ni el merengue ni el reggaetton”, dispara.

Con un estilo kitsch rigurosamente pensado, Marcelo y Amylu son un dúo dinámico que no pasa desapercibido. Es difícil encontrar una parte de los brazos de ella que no esté tatuada y a pesar de las insistencias se resiste a compartir las historias que motivaron cada una de las imágenes que adornan su piel. De sus labios carmín sólo sale el dato de que nació en Connecticut y que su padre es hijo de españoles y mexicanos. El es delgado y pálido y su rostro, casi inmaculado, despide una inexplicable calma. Cuando no están detrás de las bandejas —se turnan pinchando música durante media hora cada uno— se lo pasan saludando a amigos o “tomando chichaito”, un trago mezcla de ron blanco y anís.

La nacoteca es una cita fija aquí en Nueva York pero a menudo sus dueños embalan sus equipos y computadoras y se llevan la música a otra parte. Barcelona, San Juan de Puerto Rico, Chicago y Los Angeles son apenas algunos de los lugares por donde pasaron. Ahora, están en la tierra de los verdaderos nacos, en México y ya han hecho bailar a Guadalajara, Puebla y el Distrito Federal. “Es rico poder ir a México y pasar tiempo con gente querida y también descubrir lugares nuevos donde poner en pie la nacoteca que ya se convirtió en una fiesta nómade”, dice Marcelo.

¿Se imaginaban que lo que crearon generaría semejante culto? “No, la verdad es que no”, dicen a coro. “Pero nos enorgullece saber que nuestra Nacotheque no discrimina y permite que todos se diviertan por igual”.

La próxima Nacotheque en NY es el 26 de abril.