Nueva York/especial para edlp — Cuando hace ocho años Meriam Lobel miró hacia el cielo azul teñido de fuego y humo y vio pedazos de metal saliendo como eyectados de las torres gemelas se sumió, como tantos otros, en el estupor más profundo. Cuando fue evidente que se estaba ante el atentado terrorista más siniestro de la historia, lo primero que pensó fue en sus hijas, aún niñas. “El mundo que les va a tocar vivir ya nunca será el mismo”, reflexionaba.
Actualmente, como responsable de exhibiciones y programas en el Centro de Tributo al World Trade Center, confirma a diario esa hipótesis, el mundo definitivamente ha cambiado, pero no necesariamente para peor. “La respuesta de la gente que generó el 11 de septiembre fue increíble; todos querían ayudar; hacer algo, lo que fuera. Y esa ola tremenda de solidaridad y de unión surgió de la tragedia”, comenta entusiasta por teléfono a su regreso del homenaje este pasado viernes.
La copiosa lluvia que cayó sobre la ciudad desde temprano hasta el final de la jornada pareció acompañar el ánimo de duelo que se apodera de Nueva York cada 9/11 pero ella lo prefiere así. “Me es más duro volver a tener un cielo radiante y sin una nube como aquél día,”, comenta. “Mientras se leían los nombres de quienes murieron, los bomberos abrazaban a los familiares que perdieron seres queridos y se podía percibir que pasaron varios años pero el sentimiento de comunidad está intacto”, agrega.
Antropóloga, Meriam Lobel estaba trabajando en 2006 como curadora del Park Performing Arts Center en Union City, cuando un amigo le dijo que la había recomendado para una posición en un nuevo museo que se estaba por abrir frente a Ground Zero. Meriam logró el puesto y no dudó en aceptarlo aún cuando eso implicaría trabajar en un sitio que día a día trae a la memoria lo ocurrido. “Hace 32 años que vivo en South Street Seaport, a poquitas cuadras de donde estaban las torres así que tomar el trabajo no iba a cambiar demasiado las cosas; siempre me acuerdo de ellas”.
Junto a un equipo multidisciplinario se abocaron a la tarea de diseñar y dar forma al Tribute WTC; un lugar que sirve las veces como refugio para familias directamente impactadas por el atentado; como fuente de información para turistas de todo el mundo que llegan a NY y quieren tener contacto directo con la desgracia que vieron por televisión y como centro educativo para jóvenes y adultos por las variadas exhibiciones que ofrece.
La consigna del Tribute WTC fue -desde su concepción- permitir a los visitantes aprender de la gente que vivió en carne propia el World Trade Center; este símbolo neoyorquino de poder y robustez. Para ello, la primera misión de Meriam fue hacer un pedido a la comunidad. “Solicitamos fotos de gente trabajando en las oficinas, comprando en las tiendas que había abajo; de parejas cenando en el restaurante Windows on The World. Quisimos mostrar el esplendor de estas torres; el lugar vibrante que era”, explica.
Otras paredes, repletas de fotos de las víctimas, reflejan situaciones más dolorosas y mueven a las lágrimas pero Meriam asegura que el resultado es positivo para todos. “Tenemos en nuestra mente a los aviones perforando los edificios; esta es una forma de humanizar lo que pasó; de ponerle caras al 9/11. Quienes no perdieron a nadie ven una dimensión nueva de la tragedia y para los otros, es la manera de inmortalizar a esa hermana, ese esposo, o esa madre que perdieron. Sus rostros están ahora aquí como parte de la muestra permanente”.
Meriam también tiene a su cargo montar las exhibiciones rotativas en el piso de abajo. Desde su apertura ya han abordado, entre otras cuestiones, cómo impactó 11 de septiembre en los niños y la muestra actual, ‘Renovando nuestro sueño americano después del 9/11’, narra cómo fue afectada la comunidad de inmigrantes de Nueva York. “Permiten a la gente ver todo lo positivo que sucedió a partir del horror. Cómo los niños piden a gritos un mundo más humano y pacífico; cómo los inmigrantes lo dieron todo por ayudar en esta ciudad que eligieron como nuevo hogar; la cantidad de organizaciones que se formaron y el papel invalorable de los voluntarios.”
La historia del USS New York, el barco de guerra construido con siete toneladas y media de acero recuperado de los escombros y la huella que dejó la tragedia en los miles de periodistas que la cubrieron son algunas de las temáticas que el Centro piensa explorar a futuro. En octubre abre sus puertas ‘Somos americanos: respuestas al 9/11 de la comunidad latina de artistas’, que reunirá trabajos de pintores, escultores, fotógrafos y cineastas hispanos. “Siento que todavía tenemos muchas historias más que merecen contarse para entender profundamente qué pasó y por qué”.
Para más información visite www.tributewtc.org