La antropóloga neoyorquina Meriam Lobel diseña las muestras que ofrece el Centro de Tributo al WTC. “Nuestra meta es contar las historias de la gente que estuvo vinculada a las Torres Gemelas, antes o después de los ataques”.(Foto: juan carlos rivero)
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Nueva York/especial para edlp — Cuando hace ocho años Meriam Lobel miró hacia el cielo azul teñido de fuego y humo y vio pedazos de metal saliendo como eyectados de las torres gemelas se sumió, como tantos otros, en el estupor más profundo. Cuando fue evidente que se estaba ante el atentado terrorista más siniestro de la historia, lo primero que pensó fue en sus hijas, aún niñas. “El mundo que les va a tocar vivir ya nunca será el mismo”, reflexionaba.

Actualmente, como responsable de exhibiciones y programas en el Centro de Tributo al World Trade Center, confirma a diario esa hipótesis, el mundo definitivamente ha cambiado, pero no necesariamente para peor. “La respuesta de la gente que generó el 11 de septiembre fue increíble; todos querían ayudar; hacer algo, lo que fuera. Y esa ola tremenda de solidaridad y de unión surgió de la tragedia”, comenta entusiasta por teléfono a su regreso del homenaje este pasado viernes.

La copiosa lluvia que cayó sobre la ciudad desde temprano hasta el final de la jornada pareció acompañar el ánimo de duelo que se apodera de Nueva York cada 9/11 pero ella lo prefiere así. “Me es más duro volver a tener un cielo radiante y sin una nube como aquél día,”, comenta. “Mientras se leían los nombres de quienes murieron, los bomberos abrazaban a los familiares que perdieron seres queridos y se podía percibir que pasaron varios años pero el sentimiento de comunidad está intacto”, agrega.

Antropóloga, Meriam Lobel estaba trabajando en 2006 como curadora del Park Performing Arts Center en Union City, cuando un amigo le dijo que la había recomendado para una posición en un nuevo museo que se estaba por abrir frente a Ground Zero. Meriam logró el puesto y no dudó en aceptarlo aún cuando eso implicaría trabajar en un sitio que día a día trae a la memoria lo ocurrido. “Hace 32 años que vivo en South Street Seaport, a poquitas cuadras de donde estaban las torres así que tomar el trabajo no iba a cambiar demasiado las cosas; siempre me acuerdo de ellas”.