La abogado Karen Torre, centro, con bomberos de New Haven incluyendo Frank Ricci (Der.), durante una conferencia el 29 de enero pasado. (FOTO: AP)
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WASHINGTON DC/La Opinion — Eran las 10 a.m. en la Corte Suprema y la expectación periodística ya no se podía contener en la sala. Sin más preámbulos el juez Anthony Kennedy comenzó a leer el veredicto en que su voto había dado la mayoría a favor de revertir la sentencia del famoso caso “Ricci versus DeStefano”, que inevitablemente toca la nominación de la jueza Sonia Sotomayor.

Por 5 votos contra 4, el máximo tribunal determinó que en Ricci versus De Stefano, la ciudad de New Haven, Connecticut, violaba el Acta de Derechos Civiles de 1964, que prohíbe discriminación en empleos basada en raza, color, religión, sexo u origen nacional.

En este sentido, la Corte Suprema revocó la decisión de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito —integrada antes por Sotomayor—, que descartó una prueba para otorgar ascensos, considerando que ningún afroamericano había calificado en el examen.

En su opinión, Kennedy leyó: “Toda la evidencia demuestra que la ciudad eligió no certificar los resultados del examen, por la disparidad estadística basada en la raza”.

En los documentos involucrados en el juicio, la ciudad de New Haven argumentó que la determinación se adoptó para evitar demandas de grupos minoritarios. En este sentido, el juez Kennedy dijo en su opinión: “El miedo a una demanda no podía justificar el hecho de que un empleador se apoye en la raza en detrimento de los individuos que pasaron sus exámenes y calificaron para los ascensos”.

La determinación de Kennedy fue apoyada por los jueces conservadores John Roberts, Antonin Scalia, Clarence Thomas y Samuel Alito, mientras la opinión disidente fue presentada por la jueza Ruth Ginsburg, quien declaró: “Los bomberos caucásicos que sacaron buenas calificaciones en el examen tienen la simpatía de la corte”.