Phyllis Cove, directora de la Oficina de Política de Detención del gobierno (Foto: José Rivera/EDLP)
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NUEVA YORK — La transformación de los centros de detención de inmigrantes en residencias no punitivas que incluyan programas que mejoren las condiciones para los detenidos y grupos especiales como los enfermos mentales y las mujeres, así como mayores facilidades de visitas, mejor acceso a teléfonos y asistencia legal, y áreas más espaciosas para recreación, forman parte de la reforma que tiene entre manos implementar Phyllis Cove, directora de la Oficina de Política de Detención y Planeamiento del Servicio del Inmigración y Fiscalización de Aduanas (ICE).

Durante el 10 aniversario del Riverside Sojourners, un programa de visitas a detenidos no criminales que buscan asilo en los Estados Unidos, realizada en la iglesia Riverside de Manhattan, Cove informó ayer que otros de los cambios será la creación de un sistema que permitirá conocer mejor la población de detenidos de modo que se pueda colocar a parte de éstos en residencia especiales con programas que llenen sus necesidades.

“Lo que queremos es mejorar las condiciones de vida de los detenidos”, dijo Cove.

En el país hay 350 instituciones que reciben indocumentados, la mayoría de las cuales fueron diseñadas para alojar delincuentes, pero reciben personas arrestadas por el simple hecho de no tener papeles, que enfrentan la justicia civil y que con frecuencia nunca cometieron delito alguno. También reciben familias enteras y personas que han pedido asilo.

Cada día pasan entre 32,000 y 42,000 personas por estos centros de detención de inmigrantes en Estados Unidos a la espera de ser deportados —o de que se aclare su situación—, con un total de 378,000 el año pasado.

El gobierno calcula que en 2009 tendrán la custodia de cerca de 440,000 personas en los centros de detención, con un costo anual de mil 700 millones.