Con banderas de México y EEUU, los texanos Frank Granado (izq.) y Jorge Ulloa visitan la Basílica de Guadalupe, en el D.F. (FOTO: Gardenia Mendoza/La Opinión)
1/1
MÉXICO, D.F.— Son jóvenes y viejos. Hombres y mujeres que emigraron a Estados Unidos o mexicanos de segunda y tercera generación agradecidos por sus éxitos; porque han permanecido en aquel país; por soportar el dolor de ver caer a un hijo en la guerra de Irak; porque son profesionales exitosos o por simple gusto de ponerse a los pies de la Virgen de Guadalupe.

Todos peregrinos, algunos por primera vez y otros con la tradición a cuestas desde hace 30 años, aunque fue a partir de 2002 cuando encontraron un "huequito" para tener una misa especial, como homenaje de los migrantes en las apretadas festividades por, según la fe católica, la aparición de la guadalupana hace 477 años.

Así, cada año, tres horas antes de que rompa el alba con Las Mañanitas, entre 800 y 1,500 migrantes se instalan en primera fila de la Basílica para esperar un aniversario más entre cantos, plegarias y banderas estadounidenses y mexicanas agitadas por todo lo alto.

Lilia Carmona es una mujer de 55 años que emigró a Los Ángeles en 1989, cuando se quedó viuda con cinco hijos y los trabajadores de su negocio la estafaron. Desde hace unos años viaja a México cada 12 de diciembre para agradecer la suerte de estar en EEUU y tener dinero para viajar; sin embargo, este año su júbilo es por un milagro.

"La Virgen de Guadalupe se le apareció a uno de mis hijos como si fuera otra migrante y le ayudó a cruzar la frontera", asegura.

Fue el año pasado, cuando lo deportaron a Tijuana y él volvió a saltar la barda fronteriza junto con otros cinco indocumentados. Cuando ya estaban del lado estadounidense, el hijo de Lilia volvió la vista atrás y fue testigo de la caída de una chica que escalaba el muro del lado mexicano.