MÉXICO, D.F.— Son jóvenes y viejos. Hombres y mujeres que emigraron a Estados Unidos o mexicanos de segunda y tercera generación agradecidos por sus éxitos; porque han permanecido en aquel país; por soportar el dolor de ver caer a un hijo en la guerra de Irak; porque son profesionales exitosos o por simple gusto de ponerse a los pies de la Virgen de Guadalupe.
Todos peregrinos, algunos por primera vez y otros con la tradición a cuestas desde hace 30 años, aunque fue a partir de 2002 cuando encontraron un "huequito" para tener una misa especial, como homenaje de los migrantes en las apretadas festividades por, según la fe católica, la aparición de la guadalupana hace 477 años.
Así, cada año, tres horas antes de que rompa el alba con Las Mañanitas, entre 800 y 1,500 migrantes se instalan en primera fila de la Basílica para esperar un aniversario más entre cantos, plegarias y banderas estadounidenses y mexicanas agitadas por todo lo alto.
Lilia Carmona es una mujer de 55 años que emigró a Los Ángeles en 1989, cuando se quedó viuda con cinco hijos y los trabajadores de su negocio la estafaron. Desde hace unos años viaja a México cada 12 de diciembre para agradecer la suerte de estar en EEUU y tener dinero para viajar; sin embargo, este año su júbilo es por un milagro.
"La Virgen de Guadalupe se le apareció a uno de mis hijos como si fuera otra migrante y le ayudó a cruzar la frontera", asegura.
Fue el año pasado, cuando lo deportaron a Tijuana y él volvió a saltar la barda fronteriza junto con otros cinco indocumentados. Cuando ya estaban del lado estadounidense, el hijo de Lilia volvió la vista atrás y fue testigo de la caída de una chica que escalaba el muro del lado mexicano.
"La muchacha pegó un grito horrible y mi hijo se regresó a ayudarla porque estaba sola y pensó que ella se había roto la pierna… el resto de las personas que iban con él lo dejaron", cuenta Lilia.
"Cuando la mujer se sintió mejor le dijo que se fuera, que ella estaba bien. Mi hijo subió nuevamente y cuando volteó para despedirse por última vez, ella ya no estaba, desapareció casi ante sus ojos.
"Días después nos enteramos de que los compañeros que abandonaron a mi hijo cuando se regresó a ayudar a la chica fueron detenidos otra vez por la patrulla; sin embargo, él pudo volver a Los Ángeles porque la virgen, a quien yo le había rezado, lo entretuvo haciéndose pasar por herida".
Según la tradición católica, la virgen morena se apareció a Juan Diego en el cerro del Tepeyac en tres ocasiones durante 1531, la última el 12 de diciembre, cuando la imagen habría quedado grabada en el manto que vestía el indígena.
Desde entonces es considerada en la religión como "la madre de todos los mexicanos" y la devoción ha pasado de generación en generación atrayendo anualmente alrededor de cinco millones de visitantes en su aniversario y traspasando fronteras como icono de identidad.
Frank Granado es un estudiante de ciencias físicas en Austin, quien viajó con el grupo Peregrinos Texanos, una representación de 25 personas de las 15 diócesis del estado de Texas.
Si bien sus padres son de origen mexicano, él nunca había venido a "dar las gracias" por su identidad y por eso este año llegó para hincarse ante el lienzo de la virgen, orgulloso de su sangre mexicana, pero también una enorme bandera estadounidense en sus manos.
"Le voy a prometer a la virgen que al regresar a mi otro país iniciaré a dar clases de catecismo con énfasis en los milagros guadalupanos", asegura.
Raúl Padilla, un terapeuta estadounidense de 49 años de padres oriundos de Chihuahua, en el norte de México, visita La Villa desde hace tres décadas sin faltar un solo año.
"La adoro, siempre tengo cosas que agradecerle: ha ayudado a sanar a mi madre, a mi hermano y a mí a terminar una carrera universitaria. Soy sicólogo por la Loyola Marymount University gracias a la Virgen de Guadalupe", asegura.
Además de los milagros, la ayuda espiritual es uno de los favores más bendecidos por la "Morenita del Tepeyac", como también se le llama a la virgen. Jorge Ulloa, padre de un soldado de origen mexicano que falleció en Irak en 2006, es un fiel romero porque asegura que la virgen lo ayudó para soportar la trágica muerte de uno de sus seis vástagos.
"Una semana antes de que muriera por una granada que lo golpeó en la yugular, cuando conducía un tanque, estuve aquí [en la Basílica] en un retiro espiritual; ella me preparó para no destrozarme por dentro. Cuando me entregaron el cuerpo, dije: ‘Gracias, dios mío, por prestármelo 22 años’. Y sonreí".
El homenaje de Nuestros Hermanos Migrantes a la Virgen de Guadalupe se transmite desde hace dos años por el canal Sembrador Nueva Evangelización, de Los Ángeles, a 17 países de Latinomérica y Europa.
‘La adoro, siempre tengo cosas que agradecerle: ha ayudado a sanar a mi madre, a mi hermano y a mí a terminar una carrera universitaria. Soy sicólogo por la Loyola Marymount University gracias a la Virgen de Guadalupe’.
MÉXICO, D.F.— Son jóvenes y viejos. Hombres y mujeres que emigraron a Estados Unidos o mexicanos de segunda y tercera generación agradecidos por sus éxitos; porque han permanecido en aquel país; por soportar el dolor de ver caer a un hijo en la guerra de Irak; porque son profesionales exitosos o por simple gusto de ponerse a los pies de la Virgen de Guadalupe.
Todos peregrinos, algunos por primera vez y otros con la tradición a cuestas desde hace 30 años, aunque fue a partir de 2002 cuando encontraron un "huequito" para tener una misa especial, como homenaje de los migrantes en las apretadas festividades por, según la fe católica, la aparición de la guadalupana hace 477 años.
Así, cada año, tres horas antes de que rompa el alba con Las Mañanitas, entre 800 y 1,500 migrantes se instalan en primera fila de la Basílica para esperar un aniversario más entre cantos, plegarias y banderas estadounidenses y mexicanas agitadas por todo lo alto.
Lilia Carmona es una mujer de 55 años que emigró a Los Ángeles en 1989, cuando se quedó viuda con cinco hijos y los trabajadores de su negocio la estafaron. Desde hace unos años viaja a México cada 12 de diciembre para agradecer la suerte de estar en EEUU y tener dinero para viajar; sin embargo, este año su júbilo es por un milagro.
"La Virgen de Guadalupe se le apareció a uno de mis hijos como si fuera otra migrante y le ayudó a cruzar la frontera", asegura.
Fue el año pasado, cuando lo deportaron a Tijuana y él volvió a saltar la barda fronteriza junto con otros cinco indocumentados. Cuando ya estaban del lado estadounidense, el hijo de Lilia volvió la vista atrás y fue testigo de la caída de una chica que escalaba el muro del lado mexicano.