Ya se habían llenado más de dos cuadras, pero la gente se seguía aglomerando para participar en la Marcha por una Reforma Migratoria Amplia y Justa celebrada en Los Ángeles, donde las camisetas blancas, las banderas estadounidenses y las consignas a toda voz volvieron a recorrer la calle Broadway.
Convocada para dar continuidad a la exigencia expuesta por más de 200 mil personas el pasado 21 de marzo en Washington, D.C., la manifestación de ayer recordó a Barack Obama la promesa hecha durante su campaña electoral para aprobar una reforma migratoria durante su primer año de gobierno. Tres meses después del aniversario, la promesa permanece incumplida.
"La gente sigue llegando, el mensaje se está enviando y nosotros haremos eco a lo que se exigió en Washington", decía entusiasmado Raúl Murillo, presidente regional de Hermandad Mexicana Nacional. "Hacemos un llamado a las demás ciudades para que salgan a las calles, para que haya reacciones y se reproduzca el apoyo por todas partes".
Así, mientras en la esquina con Olympic la gente coreaba consignas, cientos de personas más buscaban un lugar a lo largo de la calle Broadway, para incorporarse a la marcha cuando ésta pasara por ahí. En el punto de salida, sobre un camión, dirigentes religiosos y líderes activistas hacían una pequeña oración por quienes viven en las sombras en Estados Unidos debido a su situación migratoria.
"Los derechos humanos lo son sin importar la religión que tengamos, porque todas las religiones creen en la justicia", se escuchaba desde el altavoz, mientras la gente ansiosa esperaba bajo el sol. "¡Vámonos, vámonos, vámonos!", exigían los cerca de cuatro mil asistentes que poco antes del mediodía ya se habían congregado. El "¡sí se puede, sí se puede!" que crecía en intensidad obligó a que el contingente arrancara.
Al frente de la columna, decenas de palomas blancas fueron liberadas, y en medio del júbilo colectivo la marcha arrancó. Como en ocasiones anteriores, los tambores y cantos de los jóvenes, las consignas de los sindicalistas y las sonrisas de los niños crearon un retrato perfecto de la comunidad inmigrante que recorrió las diez cuadras que la separaban de la esquina de Broadway y Temple, punto final de la manifestación. "No, yo no me canso. Venir hasta acá me tomó dos horas porque vengo desde San Bernardino, pero acá ando", decía Rosa Córdova, una mujer madura que orgullosa relataba su historia: durante los años setenta ella y su esposo trabajaban en los campos con César Chávez y está acostumbrada a las movilizaciones. "Mi hija me regaña porque ando en esto, pero yo le digo: gracias a Dios tú no tienes que pasar por la situación en la que está mucha gente", comentaba.
"Obama, no deportes a mi papito", se leía un letrero hecho a mano llevado por una niña. "El mojado está mojado por tanto llorar", rezaba el que llevaba una mujer. "No legalización, no reelección", amenazaba uno más en manos de un hombre que pedía "papeles".
Una hora más tarde los últimos grupos se encontraban a la altura de la calle Cuarta, y cinco cuadras más adelante quienes encabezaban la marcha llegaban al lugar del mitin. Ahí, tras celebrar el éxito de la movilización, todos los dirigentes se tomaron de las manos e hicieron un acuerdo: preservar la unidad lograda durante esta marcha a pesar de las diferencias entre organizaciones, y realizar una sola movilización el 1 de mayo, a diferencia del año pasado, cuando desacuerdos entre grupos derivaron en la realización de cinco marchas pequeñas.
"Vamos a trabajar unidos para que nuestras voces sean escuchadas desde California", dijo Angélica Salas, directora ejecutiva de la Coalición de Los Ángeles para los Derechos Humanos de los Inmigrantes (CHIRLA).
"Nuestro plan de trabajo es común: queremos una propuesta de reforma bipartidista para ser presentada antes de abril; participaremos en la movilización que se realizará el 10 de abril en Las Vegas, con los congresistas Reid y Gutiérrez; y el 1 de mayo presentaremos una lista de quiénes son los congresistas que han apoyado la reforma migratoria y quiénes no", explicó Salas.
María Elena Durazo, secretaria-tesorera de la central sindical AFL-CIO, recordó que el movimiento sindical siempre ha apoyado al movimiento migrante para lograr el respeto a los derechos de los trabajadores, y manifestó su confianza en que el Presidente aún cumplirá su promesa. "¡Con Obama sí se puede!", gritó, invitando a los presentes a corear el conocido lema del Sindicato Campesino.
Un lugar especial en el escenario fue el que tuvieron los estudiantes que piden la aprobación de la iniciativa DREAM Act, que les permitiría regularizar su situación migratoria y acceder a la educación superior.
"Yo me llamo Pedro, vengo de la Universidad de Northridge, soy indocumentado y mis padres también", decía un joven mostrando la fotografía de una mujer. "Esta de la foto es mi abuelita, a la que no he visto en 15 años, se quedó en mi país. Mi mamá tampoco ha podido ir a verla. Pedimos una reforma para la gente que ha trabajado por tantos años lejos de su familia".
Tras una breve oración, el evento finalizó con la promesa de replicar la participación en las marchas por venir. De acuerdo con los organizadores, el número total de asistentes fue cercano a "los 50 mil". Estimaciones de este diario ubican la cifra entre las 10 y las 15 mil personas. Hasta el cierre de esta edición el Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) no había dado un conteo oficial.