Hay una palabra que define a Robert Zemeckis a la perfección: visionario.
El realizador de cintas tan populares y taquilleras como la trilogía Back to the Future, Romancing the Stone y Cast Away, siempre se ha caracterizado por un interés en ir más allá de la tecnología disponible en manos de los directores para descubrir nuevos métodos con los que contar una historia.
Ya fuera insertando un conejo juguetón frente a Bob Hoskins en Who Framed Roger Rabbit, creando un agujero inmenso en la barriga de Goldie Hawn que la cámara atravesó en Death Becomes Her, resucitando a Kennedy en Forrest Gump o llevando a Jodie Foster al futuro en Contact, Zemeckis es un experto en combinar la narrativa tradicional con los más avanzados efectos visuales. Desde hace cinco años, el autor de What Lies Beneath se ha concentrado exclusivamente en la dirección de películas filmadas empleando el sistema de captura de movimiento.
Es un estilo peculiar de animación que filma a los actores en un estudio de paneles verdes; cada intérprete tiene enganchados en sus cuerpos decenas de sensores y cámaras que graban sus expresiones y movimientos. La información es contenida en una computadora en la que, después, se añaden los decorados y efectos.
Primero fue The Polar Express, luego le tocó el turno a Beowulf y ahora llega a las pantallas A Christmas Carol, la adaptación de la celebrada novela de Charles Dickens, que se estrena el viernes.
Al igual que esos dos filmes, esta cinta será exhibida también en formato tri dimensional, aumentado así la inmersión del espectador en el relato.
Jim Carrey da vida a siete personajes distintos, entre ellos el temible y ávaro Mr. Scrooge, y los tres fantasmas que se le aparecen —el del Pasado, el Presente y el Futuro—, que le recriminan su actitud con aquellos que lo rodean especialmente durante las Navidades.
Robert Zemeckis, de 58 años, explicó en entrevista que el empleo de la animación por captura de movimiento resume "la belleza del cine digital. Puedes iluminar una escena sólo con una vela y manipularlo todo. Es maravilloso. Permite al director el control total de los detalles cinemáticos del arte".
El origen de A Christmas Carol parte, logicamente, de la obra de Dickens, que "siempre me ha encantado", reconoce Zemeckis, responsable también de la adaptación. "Pensé que ahora teníamos las herramientas para reimaginar el libro de una forma que pienso es más fiel de lo que se había hecho antes. Es una historia perfecta para contar en este estilo artístico".
Y es tan perfecta que prácticamente no cambió ni una coma. "El libro es magnífico. Mi trabajo era mantenerme fiel a él", reconoce.
A la hora de elegir al reparto de estos filmes animados —donde la apariencia de los actores es alterada con el fin de adaptarla a los entornos de los decorados digitales— el proceso de selección "es exactamente el mismo" que en un largometraje de imagen real.
"Nuestra preocupación principal es la actuación", afirma Zemeckis. "Nunca hablo con el actor acerca de la técnica del cine, sino sólo de la técnica de la actuación. Los dirijo como si estuvieran en un escenario. Para los actores es como actuar en teatro, porque no cortamos las escenas: las interpretan de principio a fin, sin repetirlas hasta la saciedad".
Entre The Polar Express y A Christmas Carol hay una separación de cinco años que, en el mundo de los efectos visuales, se puede decir que es una eternidad. De ahí que los cambios y las mejoras sean evidentes entre uno y otro filme.
"Todo avanza", sentencia. "Cuando hicimos The Polar Express contamos con herramientas muy rudimentarias. Ahora estas son mucho más avanzadas y podemos hacer muchas más cosas. Así, las imágenes ofrecen una mayor belleza".
Belleza que queda ampliada gracias al efecto de las tres dimensiones, que en este caso es utilizado de forma sutil, a diferencia de otros filmes recientes como My Bloody Valentine o The Final Destination, donde el espectador debe sufrir todo tipo de lanzamientos de sangre y partes humanas a su cara.
"Cada vez que hay una nueva herramienta, al principio se abusa", explica Zemeckis. "Las tres dimensiones encontrarán su lugar sutil en el arte del cine. Pero hasta entonces, [algunos directores] seguirán lanzando objetos a las caras de los espectadores. Es algo lógico".
A Christmas Carol supone la segunda ocasión en la que Robert Zemeckis colabora con los estudios Disney, después de Who Framed Roger Rabitt, que se estrenó hace ya 21 años.
"Lo maravilloso de Disney es que están muy dedicados al cine digital", destaca el cineasta. "Quieren que la experiencia de ver cine en las salas continúe y que la gente disfrute viendo películas en ellas. Y también son muy buenos en la promoción".
Como es habitual en el director de Back to the Future, en A Christmas Carol ha vuelto a colaborar con el músico Alan Silvestri, quien ha compuesto la mayoría de las bandas sonoras de sus largometrajes.
"Tras todos estos años tenemos una forma de trabajar juntos que es muy económica", detalla acerca de su relación. "Pero cada película es distinta y tiene sus propios desafíos".
Tras tres largometrajes rodados con la técnica de la captura de movimiento —y un cuarto, el remake de Yellow Submarine, en preproducción—, parece como si Zemeckis haya dejado atrás el filmar películas en imagen real, aunque no descarta regresar a ese estilo.
"Quizás un día", asegura no muy convincente. "Ahora mismo estoy disfrutando de esta forma de crear arte. Pero depende del guión. No todas las películas deberían hacerse con este estilo. Si un guión llama a ser tratado de una forma más tradicional, lo consideraré".
Robert Zemeckis fue uno de los directores clave de la década de los años 80, de la que "lo único" que echa en falta es que "en aquella época aún se podían hacer películas que venían de ninguna parte y se convertían en un fenómeno cultural. Eso no se puede hacer hoy en día. ya no hay el mismo entusiasmo por el cine que había en los 70 y en los 80, lo que yo llamaría la segunda edad dorada del cine".
Según el director "es ridícula" la presión del cine actual a triunfar durante su primer fin de semana en exhibición. "Cuando hice Back to the Future, nuestro fin de semana más taquillero fue el cuarto. Esos días ya no existen", se queja. "Al público no se le permite descubrir un filme. Pero sí lo ve todo. Eso es lo bueno".