Ruhama Canellis asegura ser una mujer decente. (FOTO: AP)
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Tal y como me lo imaginé. La entrevista con la cara de gata encalmada sería una manera de reivindicar a la mujer que por dos años se dio sus revolcones con el padrecito más famoso de la iglesia católica (bueno, después de los pedófilos). Me refiero a Ruhama Canellis, quien como se acordarán, hace un año fue protagonista, junto con el entonces padre Alberto Cutié, del escándalo más calenturiento de esa época. Hace unos días la entrevistó la "súper" periodista Teresa Rodríguez para Aquí y ahora, que acá entre nos, dejó mucho que desear con sus preguntas. Con decirles que de ahora en adelante será la beata Ruhama. Para mí, ese programa, además de innecesario, sólo sirvió para que Univision limpiara la imagen —¿con qué intención? Sólo ellos saben—, de alguien que junto con su amante, se dedicó a engañar a los feligreses. Porque al mismo tiempo que el padrecito se dedicaba a dar la comunión, oficiar misas, casar gente, hablar de los pecados de la carne, ¡oír confesiones!, y hacer todo lo que hacen los padres católicos, por otro lado le daba duro y macizo a su vicio con la de la "fe tremenda". ¡Eso sí es vida, señores! Yo lo que vi el día de la entrevista fue a una mujer fanática, que utiliza la religión para justificar lo que ella y su ahora esposo hicieron. "Oramos mucho de rodillas", "Le pedimos mucho a Dios esto y lo otro". ¡Ay, qué historia tan romántica!, casi me hizo llorar. Pero más me gustó lo que preguntó Teresa, con una cara como de pan remojado en leche: "¿Qué sentistes (sí, así habló todo el tiempo: sentistes, comistes, fuistes, respondistes), cuando te pidió que te casaras con él?", "¿Qué pensastes cuando estabas en el altar con él?". Ay, qué preguntas tan tontejas. Todo el enfoque de la entrevista, que duró una hora, fue para contarnos una historia que terminó como cuento de hadas. La Bella Durmiente y Blancanieves se quedan cortas en comparación con Ruhamacienta. Pero lo que más me encantó fue cuando Teresa le dice: "¿Qué te gustaría que la gente supiera de ti que no conocen?", y Ruhama contesta: "Que soy una mujer decente, que siempre lo he sido y que siempre lo seré". Siendo así, yo quiero ser igual de decente que ella, porque por lo visto, mantener una relación secreta, lujuriosa y calenturienta por dos años con un sacerdote activo es algo por lo que uno se puede sentir orgulloso.