Miami/especial para edlp — La mexicana Cristina Rivera Garza, ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2008 con su novela ‘La muerte me da’, título extraído de un poema de Alejandra Pizarnik, ha ejercido desde siempre el derecho a escribir como una mujer con una “habitación propia” desde la cual ejerce todas las libertades del oficio.
El título del libro de relatos que presenta en la Feria del libro de Miami, ‘La frontera más distante’, es un ejercicio de riesgo total. El tipo de literatura que se escribe desde las zonas más oscuras y desconocidas. “El único que me interesa”, asegura.
Creció como una niña errante, siguiendo a su familia que por la ocupación de su padre –investigador agrónomo- iba de un lugar a otro. Así aprendió a vivir sin sujetarse a las tácitas jerarquías de cada lugar y se aferró más a los libros que llevaban de un lugar a otro que a las demás posesiones. Aunque desde que escribió su primer cuento en un taller de narrativa comenzaron a publicarla, nunca ha vivido de la literatura y no depende ni del juicio de los críticos, ni del número de lectores: es socióloga, doctora en Historia y ha enseñado en varias universidades norteamericanas.
Ha cometido el desacato de impugnar el mito de un personaje como “la maga” de Cortazar, o de no plegarse al culto a Octavio Paz. Pero también, con su novela Nadie me verá llorar, con la que hace ocho años ganó por primera vez el mismo premio que le acaban de otorgar, demostró que “podría hacer la tarea”: a partir de las investigaciones en el manicomio de La Castañeda, de Ciudad de México a comienzos del siglo XX, escribió una novela de impecable estructura y dominio tradicional. Después, como lo demuestra ‘La muerte me da’, saltó al abismo de la literatura experimental.
En este libro usa la excusa de la trama policíaca que busca el o la culpable de las castraciones de hombres jóvenes, para hablar de la relación entre amor y muerte, erotismo e identidad. No sólo eso: juega a su antojo mezclando el ensayo, la lírica, la narrativa fragmentaria, las cartas, para construir una obra breve de enorme ambición: impugnar las fronteras, tanto de género sexual, como literario.
Miami/especial para edlp — La mexicana Cristina Rivera Garza, ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2008 con su novela ‘La muerte me da’, título extraído de un poema de Alejandra Pizarnik, ha ejercido desde siempre el derecho a escribir como una mujer con una “habitación propia” desde la cual ejerce todas las libertades del oficio.
El título del libro de relatos que presenta en la Feria del libro de Miami, ‘La frontera más distante’, es un ejercicio de riesgo total. El tipo de literatura que se escribe desde las zonas más oscuras y desconocidas. “El único que me interesa”, asegura.
Creció como una niña errante, siguiendo a su familia que por la ocupación de su padre –investigador agrónomo- iba de un lugar a otro. Así aprendió a vivir sin sujetarse a las tácitas jerarquías de cada lugar y se aferró más a los libros que llevaban de un lugar a otro que a las demás posesiones. Aunque desde que escribió su primer cuento en un taller de narrativa comenzaron a publicarla, nunca ha vivido de la literatura y no depende ni del juicio de los críticos, ni del número de lectores: es socióloga, doctora en Historia y ha enseñado en varias universidades norteamericanas.
Ha cometido el desacato de impugnar el mito de un personaje como “la maga” de Cortazar, o de no plegarse al culto a Octavio Paz. Pero también, con su novela Nadie me verá llorar, con la que hace ocho años ganó por primera vez el mismo premio que le acaban de otorgar, demostró que “podría hacer la tarea”: a partir de las investigaciones en el manicomio de La Castañeda, de Ciudad de México a comienzos del siglo XX, escribió una novela de impecable estructura y dominio tradicional. Después, como lo demuestra ‘La muerte me da’, saltó al abismo de la literatura experimental.