Hacer reír no es fácil. Provocar sin causar estragos tiene su arte. Triunfar en el cine, la televisión y el escenario resulta algo complicado. Y hacerlo todo, y bien, con cara de no haber roto ni un solo plato, es casi imposible.
Chris Rock es una especie en vías de extinción: cómico, actor, director, guionista, productor de cine y televisión y cantante, navega por cada medio con la seguridad de que si uno falla (en el cine, por ejemplo, con fracasos como Head of State o I Think I Love My Wife) siempre le queda otro (los especiales de comedia para HBO) y uno más (sus espectáculos en vivo).
Mañana se estrena Madagascar: Escape 2 Africa, la secuela de Madagascar, producción animada que cosechó un inesperado éxito en la taquilla cuando se estrenó en 2005, recaudando 532.6 millones de dólares en todo el mundo.
La segunda parte reúne de nuevo a Ben Stiller, David Schwimmer, Jada Pinkett Smith y Rock (Marty, la zebra), quienes prestan sus voces a los populares animales residentes en el zoológico de Nueva York y que, en esta ocasión, recalan en el corazón de África.
Chris Rock recibe a La Vibra en un hotel de Westwood, en Los Ángeles, bien cómodo en el sofá de una habitación (sus pies están sobre la mesa frente a él) y su aspecto es de muy pocas ganas de hablar más con la prensa que, seguro, le ha estado preguntando mil y una veces acerca de cuál es el proceso que se sigue a la hora de doblar a un personaje animado (cuestión que ya respondió, también mil y una veces, en la promoción de la primera entrega).
Y como poco hay que añadir al respecto, Rock diferencia entre lo que resulta fácil y lo que no durante tal labor. "Lo más fácil es que trabajas cinco o seis horas al día. No es como rodar una película, que requiere de una jornada de 15 horas", reconoce.
"Lo difícil es intentar crear una actuación, de forma que no parece que sólo lees unas líneas de diálogo. De este modo cuando el filme se estrena y la gente te escucha, es una actuación de verdad. Hay una consistencia en el trabajo".
Además, el proceso de producción de una cinta animada dura mucho más, en ocasiones hasta tres años, durante los cuales los actores trabajan mano a mano con los directores, una colaboración que, según Rock, "no es muy distinta" a la que se entabla con un realizador de un largometraje tradicional.
"Unos son más rápidos, otros son más lentos", reconoce. "Y siempre hay un elemento de manipulación por su parte para lograr que hagas lo que necesitan: estar más contento o más triste...".
Tampoco existen contrastes diferenciados entre leer un guión de, por ejemplo, Madagascar: Escape 2 Africa y, en el otro lado del espectro, de un drama como New Jack City, en el que Rock encarnó a un drogadicto.
"No, para nada. La única diferencia es que en una película normal siempre buscas dónde te vas a sentir incómodo; por ejemplo, escenas en un lago helado... ¡No quiero hacerlas! Por lo que te preguntas cuántas noches se tardará en filmarlo todo, si será en interiores o exteriores, de día o de noche...", detalla.
"Son cosas de las que no te preocupas cuando lees el libreto de una película animada. Porque siempre sabes que estarás cómodo en una cabina de grabación".
Un aspecto de estos largometrajes que no cesa de sorprender al productor ejecutivo y narrador de la serie Everybody Hates Chris es "la atención al detalle: la hierba, los pelos...", describe. "Me he dado cuenta de que los personajes, cuando no hablan, siguen respirando. Así es el nivel de detalle. Es impresionante".
A pesar de dedicarse sólo a la labor de prestar su voz y la mayoría de veces ni siquiera tiene opción de contemplar el resultado hasta meses después de grabar los diálogos, Rock indica que "sí ves crecer [el proyecto] a partir de los dibujos y escenas. Te lo explican todo mientras lo hacen, porque utilizan tu cara, las expresiones. Es extraño, porque la boca [de Marty] se mueve como la mía...".
A pesar de su implicación en las dos entregas de Madagascar, Chris Rock no tiene ningún interés en adentrarse en la comedia familiar, alejada de la que lo convirtió en uno de los mejores cómicos de su generación (o el mejor, según revistas como Time y Entertainment Weekly), y que siempre ha estado marcada por la raza, la política y la sociedad.
El que fuera miembro de Saturday Night Live —entre 1990 y 1993— asegura que el humor de una cinta como Madagascar: Escape 2 Africa "es mucho más fácil" de crear que el que lo ha definido a él como uno de los cómicos contemporáneos más irreverentes y controversiales.
Eso sí, también afirma que "probablemente no podría escribir algo así. No está en mí. Quizás es porque ya estoy envejeciendo... esto de escribir para toda la familia... no, no, para nada".
También esta semana, HBO emitió el especial de comedia Kill the Messenger (el canal continúa emitiendo el programa de entrevistas The Chris Rock Show, que se produjo entre 1997 y 2000).
Es precisamente en ese género —él solo, en un escenario, frente a una audiencia, lanzando bromas como granadas— donde Chris Rock, que fue descubierto en Nueva York a mediados de los años 80 por Eddie Murphy, se muestra más cómodo.
"Las películas son divertidas, pero cuando hago una soy más un estudiante", reconoce. "Hay gente más preparada que yo para hacerlas. Mientras que si se busca a un experto en comedia en vivo, yo sé como hacer eso".
Regresando a Marty y Madagascar,, Rock compara la zebra que encarna con él mismo, y asegura que "me siento identificado en el no formar parte de un grupo, o no encajar en él. Como artista siempre hay el miedo de que uno no va a destacar de entre la mayoría".
"Es extraño", concluye. "En la vida real uno quiere formar parte de ese grupo, pero en la vida artística, apostar por eso es una equivocación".