Deseable es que, a estas alturas, no queden ilusos exaltando como técnico de vanguardia a Sven-Goran Eriksson, ante los argumentos administrados aquí reiteradamente.
Deseable que abran los ojos, además, aquellos que en una ilusión compulsiva, desesperada, patriotera, esperen que el sueco sea el mesías que lleve a un eterno condenado a la dicha eterna de una final de Copa del Mundo.
Eriksson puede ser un buen punto de partida, pero no será un punto y aparte en la carrera del futbol mexicano, siempre despavorida, prófuga, huidiza, de su propio destino.
Lo irónico es que uno de los hombres en la lista de candidatos y candidotes de la FMF, usted debe recordarlo, era Luis Aragonés.
Su atenta asistente dijo a la FMF que si querían podía hablar con ellos después de que España concluyera su participación en la Eurocopa 2008 y que podía dejar pendiente la confirmación con el que hoy es su nuevo club, el Fenerbahce de Turquía.
Los directivos mexicanos decidieron que era esperar demasiado y se precipitaron con Eriksson. Hoy deben estar arrepentidos de su impaciencia y no saber manejar los tiempos, un pecado recurrente en esos espíritus perseguidos y atormentados.
Así son ellos: viven más temiendo los tormentos de la suegra que los placeres de la novia, como si fueran a casarse con la primera y no con la segunda.
Claro, nadie garantiza que Aragonés hubiera llevado a México a la tierra prometida. Pero al menos él ya la pisó ganando la Eurocopa, y Eriksson la sigue viendo en vivo y a todo color por televisión.
Además, Aragonés cobraba menos que el sueco y eso, en los términos mezquinos, pobretones y poquiteros en los que se maneja la FMF, debe ser un dolor extra en la vesícula de su bolsillo.
Sin embargo, en medio de las torpezas que cometen, víctimas de su propio karma, tendiente a la felonía antes que a la bondad, los directivos parecen haber orientado su perspicacia a una decisión sabia. Tómelo, sin embargo, para que no se emocione, como el acto accidental, parido por el ocio, de aquel burro que tocó la flauta.
Y acá, en la FMF, varios tocaron la flauta sin saber la tonada, pero merecen el aplauso.
El proyecto de llevar a los seleccionados que juegan en México, los menos, a que se concentren y se preparen con los que juegan en Europa, los más, es destacable y rescatable.
Van a tener el apoyo, auténtico en algunos casos, comprometido en otros, y en algunos más tan sincero como aquel que por 30 monedas entregó al Mesías con beso en la mejilla, es decir, anhelando el accidente del fracaso para usarlo después como armamento.
Es claro el beneficio.
No es lo mismo trabajar dos días en México, con unos adormilados por el cambio de horario, que trabajar dos semanas en algún sitio de Europa.
No es lo mismo que Eriksson envíe a sus apóstoles Hans Backe, Tord Grip y Paco Ramírez a dialogar, convencer e inculcar detalles de estrategia y de disciplina en los jugadores en un cuarto de hotel, o en un café al aire libre, a cada uno por separado, que juntar, en cualquier albergue europeo a los dos bandos, a los que conquistando México han logrado emigrar y a los que sin conquistar aún su quinto patio, sueñan con emigrar.
No es lo mismo ver a todos a la cara y que todos se vean la cara, durante dos semanas, que durante dos días.
La cruzada no es fácil. Deben convencer a los clubes europeos, egoístas en bien de sus intereses deportivos, y deben convencer a los clubes mexicanos, egoístas en bien de sus intereses mezquinos.
Pero, al final, las cabezas y cabecillas de la FMF, que suelen ser las mismas, deben empezar a comprobar esos 50 mil dólares que para gastos de representación, y como bonos, reciben con toda puntualidad.
De ser así, y sólo de ser así, podría, y sólo podría, revisarse el riesgo de un "Aztecazo", visiblemente vigente, congruente, factible en este momento, ante la cita del 20 de agosto ante Honduras.
Merecen, sin duda, Justino Compeán y Decio de María, tan maltratados consistentemente en este espacio, el apreciable reconocimiento por esta idea, pero más aún si del dicho edifican un hecho.
Al menos la voz fuerte de los directivos, Jorge Vergara, el némesis de muchos y anticristo para otros, ha dado el visto bueno.
Ahora, dinero sobra en la FMF. Los ingresos por casi 150 millones de dólares que deja la camiseta verde en este proceso de cuatro años, deben invertirse en algo y no sólo en viajes obsoletos como el de Guillermo Cantú a Sudáfrica para buscar hotel, cancha y pasatiempos para el Tri, cuando las señales desde FIFA advierten que la edición del 2010 terminará en manos de España, para evitar ese crimen social, económico, moral, humanitario, que se perpetraría otorgándole la organización a una nación donde hay crisis de salud social, civil, inseguridad, económica y que viven con el parapeto del "Apartheid", que es, en términos vulgares, el equivalente en farsa de lo que es el fair-play para la FIFA.
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