Shane ‘Sugar’ Mosley trabaja a fondo en Big Bear. (FOTO: ‘CHIQUILÍN’ GARCÍA/La Opinión)
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Sabe que cada pelea tiene su momento. Siempre es una realidad distinta. No hay una explicación para que él, que le ganó dos veces al mejor "Golden Boy" que se vio sobre un ring, haya perdido con un boxeador tan corriente como Forrest, que perdió dos veces con Ricardo Mayorga. "Es el momento de cada uno", dice.

Acaso por eso, porque no quiere tener una mala noche, Shane "Sugar" Mosley se "mata" trabajando en su gimnasio de Big Bear, en la alta montaña.

"Sé que Mayorga es un heavy puncher. Tiene las manos pesadas. Depende de eso para ganar un combate. Yo tengo más recursos y también pego... tengo mejor porcentaje de nocáuts que Mayorga. ¿Le parece increíble? Mire los números".

De la sala comodísima, sobria y amueblada con buen gusto, Mosley, nos invita a conocer su gimnasio.

Un ring colorido, al estilo Las Vegas, en un espacio en el que ya no cabe un póster más en las paredes.

Sus víctimas y sus verdugos tienen un lugar en aquel santuario en el que Shane "Sugar" Mosley de pronto se transforma y pasa de ser el personaje simpático, el hombre educado y, seguramente, uno de los boxeadores más racionales fuera del ring, para retomar su imagen de oponente sin límites, de competidor sin márgenes y guerrero sin claudicaciones.

Es la actitud de un hombre ansioso por subir al ring. Es la adrenalina propia de un guerrero que con 50 combates en su largo viaje parece curado de espantos y se da tiempo para tomarse a broma toda la locuacidad del "Matador" nicaragüense.

"Es muy risible. Eso debe servir a la promoción", dice.