BIG BEAR LAKE.— Un paisaje bucólico viste las montañas agrestes de Big Bear Lake. Y la carretera serpenteante que apunta hacia un arriba infinito parece una invitación del cielo.
La quietud del lugar riñe decididamente con el bullicio propio de los combates de boxeo, y el aire puro que se respira casi hace olvidar a la gran urbe con todas sus tentaciones y todas sus desdichas.
Una casa campestre con las facilidades de la vida moderna.
Una reja de hierro para la seguridad de los moradores y, por si acaso, un perro pitbull, negro, grande y agresivo, para espantar a los espontáneos y asustar a los reporteros.
"Ésta es mi casa, bienvenidos", es el saludo de Shane Mosley, quien sin perder detalle ultima la preparación de su pelea de este sábado contra Ricardo Mayorga en el Home Depot Center de Carson.
"Desde hace 10 años preparo todos mis combates en este lugar. Es un descanso total, estás lejos de todo, pero también tienes todo. Hay silencio, tranquilidad. Es todo muy relax".
Hace ya 15 años que Mosley se calzó por primera vez los guantes como profesional. Fue en Hollywood, y su rival, Greg Puente, le aguantó cinco asaltos. Ya hacía tiempo era "Sugar". Como Ray Robinson y como Ray Leonard.
"Creo que yo tendría 10 años cuando empezaron a decirme ‘Sugar’. Yo era bastante bailador y movedizo en mis prácticas de niño con mi padre, que siempre estuvo en el boxeo. Y me gustó. La gente casi me dice más ‘Sugar’ que Shane".
Desde entonces ha sido y dejado de ser. Ha tenido y dejado de tener títulos como campeón, porque reconocimiento, prestigio, fama y dinero, siempre los tuvo.
"Peleo [a los 37 años] con la misma entrega y la misma convicción de cuando empezaba porque amo este deporte. Yo no necesito nada más para vivir bien. No es por el dinero. Es el gusto por pelear, es el desafío y probarte cada vez que puedes", dice un hombre que ha sido tres veces campeón de los welters y los medianos Jrs.
Le recuerdan que tiene 37 años y se sorprende. "Me siento como de 28". Rescata su vida sana, la dedicación y, sobre todo, la disciplina, en lo que ha jugado un papel vital la presencia de su familia. Para Mosley, tener a su familia cerca es un factor que cambia las cosas. Su padre Jack [Mosley] ha sido su entrenador y el arquitecto de su carrera en la que, admite Mosley, "siempre hay fricciones y malos momentos".
Habla sin reservas de la ruptura con su padre, cuando perdió con Forrest dos veces y después con Winky Wright. Entonces cambió de entrenador para la revancha con Wrigth y volvió a perder. Ya con su padre de regreso, Mosley retomó el camino.
"No quiero que nadie distinto a mi padre vuelva a mi campamento de entrenamiento", dijo. Y así se ha cumplido, mientras su esposa [Jin] cumple funciones de asesoría y logística propias de su carrera.
Un californiano auténtico que expresa su querencia por esta tierra.
"Volver a pelear en Los Ángeles es un estímulo muy grande. Soy de aquí y me siento feliz cerca de mi familia. Ojalá y los amigos de Pomona vayan a apoyarme".
Nunca perdió un combate en sus predios, y acaso su más grande victoria haya sido la de aquel 17 de junio de 2000, cuando venció a Óscar de la Hoya en el Staples Center.
Sabe que cada pelea tiene su momento. Siempre es una realidad distinta. No hay una explicación para que él, que le ganó dos veces al mejor "Golden Boy" que se vio sobre un ring, haya perdido con un boxeador tan corriente como Forrest, que perdió dos veces con Ricardo Mayorga. "Es el momento de cada uno", dice.
Acaso por eso, porque no quiere tener una mala noche, Shane "Sugar" Mosley se "mata" trabajando en su gimnasio de Big Bear, en la alta montaña.
"Sé que Mayorga es un heavy puncher. Tiene las manos pesadas. Depende de eso para ganar un combate. Yo tengo más recursos y también pego... tengo mejor porcentaje de nocáuts que Mayorga. ¿Le parece increíble? Mire los números".
MOSLEY, EL GUERRERO
De la sala comodísima, sobria y amueblada con buen gusto, Mosley, nos invita a conocer su gimnasio.
Un ring colorido, al estilo Las Vegas, en un espacio en el que ya no cabe un póster más en las paredes.
Sus víctimas y sus verdugos tienen un lugar en aquel santuario en el que Shane "Sugar" Mosley de pronto se transforma y pasa de ser el personaje simpático, el hombre educado y, seguramente, uno de los boxeadores más racionales fuera del ring, para retomar su imagen de oponente sin límites, de competidor sin márgenes y guerrero sin claudicaciones.
Es la actitud de un hombre ansioso por subir al ring. Es la adrenalina propia de un guerrero que con 50 combates en su largo viaje parece curado de espantos y se da tiempo para tomarse a broma toda la locuacidad del "Matador" nicaragüense.
"Es muy risible. Eso debe servir a la promoción", dice.
Y da una descripción fantástica sobre su rival del sábado: "Es una mezcla de payaso y gánster".
"Si puedo elegir una opción después de ganarle a Mayorga sería [Antonio] Margarito; creo que estamos en situación de hacer un gran combate y, por lo que escucho, mucha gente quiere ver esa pelea", afirma un confiado Mosley, a quien no sorprendió el que el tijuanense [Margarito] le ganara a Miguel Cotto.
Igual no descarta una Mosley—Forrest III, ahora que "La Víbora" [Forrest] destronó a Sergio Mora y se pone de regreso en las carteleras grandes.
En todo caso, no ve en su futuro una opción de completar la trilogía con Óscar de la Hoya. "No sé, no sé. Se vería raro. Ahora trabajamos juntos. Sería una cosa como de familia".
"¿Qué pasa si pierdo y qué pasa si gano? Humm! Ésas —dice Mosley— son respuestas que yo tendré después del sábado".