Shane ‘Sugar’ Mosley trabaja a fondo en Big Bear. (FOTO: ‘CHIQUILÍN’ GARCÍA/La Opinión)
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"Peleo [a los 37 años] con la misma entrega y la misma convicción de cuando empezaba porque amo este deporte. Yo no necesito nada más para vivir bien. No es por el dinero. Es el gusto por pelear, es el desafío y probarte cada vez que puedes", dice un hombre que ha sido tres veces campeón de los welters y los medianos Jrs.

Le recuerdan que tiene 37 años y se sorprende. "Me siento como de 28". Rescata su vida sana, la dedicación y, sobre todo, la disciplina, en lo que ha jugado un papel vital la presencia de su familia. Para Mosley, tener a su familia cerca es un factor que cambia las cosas. Su padre Jack [Mosley] ha sido su entrenador y el arquitecto de su carrera en la que, admite Mosley, "siempre hay fricciones y malos momentos".

Habla sin reservas de la ruptura con su padre, cuando perdió con Forrest dos veces y después con Winky Wright. Entonces cambió de entrenador para la revancha con Wrigth y volvió a perder. Ya con su padre de regreso, Mosley retomó el camino.

"No quiero que nadie distinto a mi padre vuelva a mi campamento de entrenamiento", dijo. Y así se ha cumplido, mientras su esposa [Jin] cumple funciones de asesoría y logística propias de su carrera.

Un californiano auténtico que expresa su querencia por esta tierra.

"Volver a pelear en Los Ángeles es un estímulo muy grande. Soy de aquí y me siento feliz cerca de mi familia. Ojalá y los amigos de Pomona vayan a apoyarme".

Nunca perdió un combate en sus predios, y acaso su más grande victoria haya sido la de aquel 17 de junio de 2000, cuando venció a Óscar de la Hoya en el Staples Center.