Óscar de la Hoya asegura que tiene el arsenal definido. El uso de un jab punzante y consistente. Una defensa más educada. Prontitud para el contragolpe. Mayor veneno, taladrante, penetrante, en la técnica de golpeo en sus ganchos, especialmente con la izquierda.
Aprende los trucos, las mañas, los misterios de los peleadores zurdos a través de sus tres sparrings. Sólo necesita más velocidad.
En ello trabajará el seis veces monarca mundial, en diversas divisiones, en las dos semanas que restan antes del combate del 6 de diciembre en Las Vegas. Ya está en las 145 libras.
"Ahora llegó el momento de administrar con experiencia, con inteligencia el tiempo que tenemos por delante", asegura De la Hoya.
No quiere sobrepasarse en su preparación. Ha llegado al punto de clímax de su acondicionamiento físico y ahora se meterá de lleno a adquirir más velocidad.
"Es muy importante que sea muy rápido, que tenga mucha velocidad para contrarrestar el plan de pelea de Pacquiao", indica.
Advierte el peleador del Este de Los Ángeles: "Llegaré tan fuerte, tan bien preparado, que Manny no tiene idea de lo que se le vendrá encima", manifiesta.
Porque respeta al adversario, su disciplina es estricta.
"Se exige siempre más, me sorprende cuando pone un extra en el trabajo que se le pide, es muy exigente consigo mismo, es un profesional", dice el mánager Nacho Beristáin.
"Y mientras más trabaja y mejora, más quiere trabajar y mejorar", explica Beristáin tras la convivencia con De la Hoya en la encerrona casi monástica en el edén, prohibido en este caso, de Big Bear.
Óscar muestra un rostro seco, pero coloreado de salud.










