Rossana Rosado, Gerente General de El Diario/La Prensa. Foto: Archivo.   
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Inicialmente, la dueña de la tienda, que era una estadounidense blanca, no le hizo caso a la madre de Sotomayor hasta que ésta le pidió en tono firme que la atendiera porque “mi hija necesita este abrigo para la universidad”. La señora le preguntó “¿y, a qué universidad va la niña?” Al responderle, “Princeton University”, la mujer soltó lo que estaba haciendo para atender bien a su cliente y a su hija, evidentemente superdotada.

Cuando salieron de la tienda la joven Sonia comentó: “Mami, ¿viste cómo cambió su actitud cuando le mencionaste ‘Princeton’?” y su mamá respondió: “Sí, Sonia, y sabes qué, eso me está pasando en el hospital (donde trabajaba) cuando le digo a los médicos que mi hija va para ‘Princeton’, se impresionan mucho. Parece que es algo grande”.

Cuando Sotomayor comparte ésta y otras de sus muchas historias sobre su maravillosa madre, me hace llorar.

Como tantas madres latinas, la madre de Sonia sabía instintivamente que su hija vino al mundo para vivir momentos históricos. Su generación de luchadoras no sólo le dio vida a los que hoy son líderes, sino que le dio esperanza a toda una comunidad que hoy se beneficia de los éxitos de Sonia y su generación.

Trabajando y estudiando para ser enfermera, la señora Sotomayor crió a sus hijos con mucho esfuerzo; hoy el varón es médico y su hija, abogada.

Y en estos momentos, mientras preparamos el suplemento que usted tiene en sus manos, la juez Sonia Sotomayor está incluida en una lista pequeña y exclusiva de personas que podrían ser nombradas por el Presidente Barack Obama a la Corte Suprema de EE.UU. El entusiasmo que ha generado la candidatura de Sotomayor es un testamento más de la fuerza y el amor de esa madre luchadora.