La Fuentes del Moro, en un extremo de la Piazza Navona. Foto: EFE.  
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La Fuente de la Barcaza está en la base de la escalinata de la Plaza de España y su diseño se inspiró, al parecer, en una barca que quedó allí tras una inundación del Tiber en 1598.

Bernini padre se dedicó, entre otras cosas, a las fuentes y se encargó de varias en Roma y Nápoles, pero su hijo fue un verdadero maestro del arte de fundir la piedra y el agua.

Además de las Fuentes de los Cuatro Ríos y del Moro, ya comentadas, Bernini hijo se encargó de la Fuente del Tritón, una de las de más solera de Roma, y de la de las Abejas, también con temática animal.

Esta última representa una gran concha abierta en cuya base se agazapan unas pocas abejas, el símbolo de la familia Barberini a la que pertenecía el Papa Urbano VIII, que al parecer le pidió al autor que las incluyeran en su obra.

Ninguno de los Berninis, ni el padre ni el hijo, diseñó la gran fuente del Agua Feliz, bautizada así en honor del Papa Sixto V, que se llamaba Felice.

Esta fuente también es el fin de las aguas de un acueducto, el Alessandrino, que fue restaurada a petición del Papa para acercar el agua a los nuevos barrios surgidos en la ciudad.

Quizá no todas las fuentes que quedan en Roma sean tan bellas como las del Agua Feliz ni tan monumentales como las que debieron existir en las termas de la Roma Imperial, pero las que quedan en la ciudad eterna siguen cumpliendo a la perfección sus dos misiones: suministrar agua y posar pacientes para los turistas.