Tres jóvenes vestidas con gorros de Papá Noel conversan en la plaza del Pesebre y de la iglesia de la Natividad, lugar oficial del nacimiento de Jesucristo, decorada con adornos navideños en Belén, Cisjordania. Foto: EFE/Yossi Zamir EFE/Yossi Zamir
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Durante las semanas navideñas, se desarrollan más actividades, a mayor velocidad y con menos tiempo para cumplirlas. Queda poco margen para el descanso y la calma. Pero hay una serie de medidas sencillas que pueden salvaguardar, e incluso mejorar, nuestro bienestar físico y mental en esos días tan intensos.

Debido a las diferentes situaciones climáticas, que son opuestas en los hemisferios Sur y Norte, en algunas regiones del planeta, las Navidades se celebran con temperaturas templadas y cálidas, mientras que en otras zonas los festejos trascurren en medio de los rigores que imponen el frío y las nevadas.

No obstante, en todas las celebraciones existe un común denominador, además de los sentimientos de alegría, paz y confraternidad que caracterizan a las Fiestas: son días en que muchas personas, familias o parejas, aprovechan para tomarse un respiro y disfrutar de unas breves pero intensas vacaciones.

Ciertamente las mini-vacaciones navideñas no son iguales, ni en duración ni en calidad, que las habituales vacaciones anuales, ya que son épocas en las se tiende a beber y comer más y desarrollar más actividades, mientras que se descansa y duerme menos.

Durante esa temporada, los viajes turísticos, excursiones con los niños o visitas a familiares o amigos alejados geográficamente, son más breves y ajetreados, y disponemos de menos tiempo para reponernos del esfuerzo físico, mental y económico, que nos han supuesto los desplazamientos y estancias.

Pero ello nunca debe ser una excusa para descuidar nuestra salud ni dañar nuestro organismo.

Los expertos sugieren una serie de medidas destinadas a sentirse bien y mantenerse en buena forma, que pueden compaginarse con las mini-vacaciones e incorporarse a la vida diaria durante el año que está a punto de comenzar: