DENVER, Colorado.— "Mamá, ¿por qué tienes que separarte de mí?" "¿qué les ha pasado a los peces de colores?" y "¿qué es una bomba?' son algunas de las preguntas que recoge Mallika Chopra en su libro "100 preguntas de mis hijas".
Inspirada por las preguntas persistentes y curiosas de sus pequeñas, Chopra recogió algunas de ellas junto a sus reflexiones con tal de inspirar a otros padres a que aborden las preguntas de sus hijos de modo que fomenten la comunicación y estimulen la creatividad y crecimiento.
El prefacio, escrito por el conocido médico hindú y padre de la autora, Deepak Chopra, destaca la importancia de prestarle atención a las preguntas de los niños, ya que, según él, en el acto del preguntar se encuentra la llave del conocimiento, la comprensión y la creatividad.
"Cuando la pregunta de un niño es acogida con indiferencia, éste pierde su creatividad y se convierte en una víctima de la hipótesis del condicionamiento social", escribe.
Chopra padre explica que es esencial en el ser humano el formular preguntas, no sólo durante la niñez sino a lo largo de su vida, ya que éstas les dan significado y dirección a la misma.
"Nuestra vida es una historia contada por nosotros mismos; no obstante, si no hacemos preguntas, la historia resulta previsible, vulgar y banal", explica.
La autora afirma que los niños exigen respuestas de sus padres desde el momento en que nacen.
"Como madre, me di cuenta muy pronto de que mis hijas iban detrás de mí en busca de respuestas", relata.
"Antes, incluso, de que empezaran a hablar, ya estaban haciéndome preguntas; preguntas sobre cómo relacionarse con el mundo, sobre lo que era seguro y sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal", añade.
Cuando sus hijas comenzaron a formular preguntas que requerían algo más que información, la autora se dio cuenta de que para poder contestarlas le hacía falta bucear en su propio interior y meditar sobre su percepción del mundo.
Según ella, las respuestas que los padres les dan a las preguntas inocentes de los niños es lo que moldea su visión del mundo al igual que sus sentimientos de seguridad y confianza.
Sin embargo, tanto Chopra padre como hija insisten en que lo mejor es que padres e hijos formulen juntos posibles respuestas, motivando así una verdadera conversación.
En sus meditaciones, la autora reconoce que durante este proceso, a menudo sus hijas respondían sus propias preguntas con mayor claridad que lo que ella, como madre, hubiese podido ofrecer.
Las preguntas recogidas en el libro van de lo habitual ("Mamá, ¿por qué no me escuchas?" a lo verdaderamente poético ("¿Me quiere la tierra?")
Algunas de ellas se enfocan en la realidad multicultural de la familia, como cuando su hija le pregunta si es india o americana.
De primer momento la madre le responde que es muy dichosa de ser las dos cosas, pero la hija continúa preguntándole sobre cómo catalogar a las distintas personas que conocen.
"En cuanto empecé a sentirme confundida por mis propias palabras, me di cuenta de que el mundo de Tara empezaba a ser cada vez más el de los ciudadanos globales", escribe.
En ese momento, explica, la conversación tornó hacia aquello que todos tienen en común al igual que lo que los hace únicos como personas.
Otras preguntas, por inevitables que resulten para todos los padres, como "¿Te vas a morir?" no resultan menos difíciles de contestar.
Las respuestas de la escritora, o a veces la falta de ellas cuando así lo reconoce, no se ofrecen como guía sino como inspiración, para que cada cual reconozca la importancia de formular preguntas y estar dispuestos a recibir las respuestas que puedan suscitar.