(FOTO: Archivo/EFE)
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Cuando se vive enfrascado en el pasado es difícil perdonar y se hace más pesado vivir.

Muchas veces el recuerdo desagradable que guardamos se convierte en un equipaje pesado y difícil de mover; lleno de reproches y sentimientos que amargan y contaminan las nuevas experiencias.

Sin darse cuenta, para algunos, la vida se pasa más rápido de lo que suponían, sin dar tiempo para liberar el dolor o el malestar, limpiar los malos entendidos y superar los sentimientos negativos. Como resultado, se vive con resentimiento, rencor, tristeza y mucha soledad. Es casi como estar abriendo constantemente una herida y no dejarla cicatrizar jamás.

Mauricio y Samuel son hermanos que tienen ya una edad avanzada. Se podría decir que ambos han tenido una buena vida, rodeados de excelentes hijos, nietos y aun hermosos bisnietos llenos de vida que han incorporado los valores familiares y legados culturales. También han contado con muy buenas esposas y han logrado una gran estabilidad económica.

A pesar de esto, desafortunadamente, ambos se encuentran atrapados por el resentimiento.

Cuando eran chicos, eran inseparables y se protegían mutuamente. La buena relación continuó por muchos años. Luego de casarse, las familias se reunían casi todos los fines de semana. Lamentablemente, todo esto cambió al fallecer sus padres. Las peleas por la herencia ocasionaron grandes disgustos, enojos y frustraciones que el tiempo no pudo borrar. El resentimiento los envenenó y hasta el presente, les impide acompañarse y apoyarse al uno en el otro, incluso cuando están pasando por momentos muy difíciles en los que se necesitarían mutuamente.