Muchos de los grandes genios de la historia eran personas que presentaron trastornos o deficiencias en el proceso de adquirir conocimiento.[Fotos: Agencia EFE]
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El Parlamento Europeo alertó recientemente, en un documento publicado en Bruselas, de que más del 10% de los niños de los 27 países que conforman la UE sufren alguna de estas disfunciones del aprendizaje, por lo que ha solicitado a las autoridades sanitarias de los distintos gobiernos que promuevan la mejora de los tratamientos y ayudas para los afectados, que en la fase adulta pueden sufrir dificultades significativas en el mundo laboral o en su adaptación social.

La Eurocámara pide también más investigación sanitaria en la materia ya que, según subraya, sólo un tratamiento precoz, intensivo y en un entorno adecuado previene la discriminación de los niños que sufren tales trastornos.

Mucho antes de llegar a la conclusión de que un niño padece este tipo de trastornos, a los padres no deben escapárseles una serie de pautas indicadoras del desarrollo emocional previo y del pre-lenguaje, que están recogidas en los protocolos de la Asociación Internacional de Pediatría (AIP).

Según estos protocolos, a los cuatro meses el bebé tenderá los brazos para que los adultos le levanten de la cuna, y a los cinco empezará a sonreír y carcajearse. Al medio año de vida, el niño deberá descubrir el principio causa-efecto: el sonajero hace ruido cuando lo agito, y los adultos reaccionan cuando tiro algo al suelo.

Por esas mismas fechas, puede que muestre indicios de celos si ve coger en brazos a otros bebés, empezará a recelar de los desconocidos, volverá la cara cuando no tenga hambre y mostrará su frustración cuando no consiga hacer lo que quiere, por medio de llantos o balbuceos.

A los ocho meses, el bebé pronuncia su primera palabra, por lo general, y las primeras frases entre los 18 y los 24 meses.