Enseña a tu hijo que cada etapa tiene su propia magia y bien vale la pena esperar con calma el día en que le toque ser adulto. Foto: Agencia Reforma
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La idea de vivir de prisa parece ya no ser una condición propia y exclusiva de los adultos. En la actualidad es común observar en los niños un ansia desmedida por dejar atrás la infancia y apresurar su crecimiento: los muñecos y los carritos miniatura, han quedado guardados en el armario para darle paso a los teléfonos celulares, los juegos de video y los reproductores de música. La agenda de un pequeño está tan llena de actividades como podría estar la de su propio padre, y ni que decir de la moda: grandes y chicos comparten las mismas tendencias. 

A lo largo del tiempo el ser humano ha descubierto que desafiar a la naturaleza no es el mejor camino, y este caso no es una excepción: Privar a tu hijo de la posibilidad de desarrollarse paso a paso, de disfrutar de los juegos y la convivencia con sus amigos; vivir con preocupaciones sobre su peso y su apariencia física, puede ocasionar que tu pequeño no alcance el desarrollo psicológico y emocional ideal.

El doctor Manuel González Oscoy, catedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, explica que: "Cada etapa tiene un nivel de madurez y el no vivirlas ocasiona que el niño se sienta inadaptado, ya que si le pedimos algo que todavía no es capaz de hacer y ante este resultado, es criticado por los padres, el pequeño dudará de sus capacidades, por lo que va alimentando la inseguridad en sí mismo".