Las sanas intenciones de brindarle a tu hijo las herramientas necesarias para hacer de él un hombre de su tiempo, te puede llevar a caer en excesos. Dale la formación adecuada de acuerdo a su edad, pero sin olvidar la importancia de tu presencia y amor.
Ser mamá es una de las tareas más bellas, pero también implica un alto grado de exigencia, no solamente porque requiere de una completa inversión de tiempo, sino que aunado a ello hay que aplicar una gran dosis de amor, inteligencia, esfuerzo y dirección; porque tu misión es ambiciosa: formar hombres y mujeres íntegros que igual se desempeñen con éxito en el ámbito laboral como en lo personal.
En esta intensa búsqueda de “lo mejor”, resulta sencillo encontrar una y mil actividades que ayudarán a cumplir con tu propósito, pero el riesgo es alto, porque la línea entre lo que puede y debe hacer es muy delgada.
Y nosotros ¿a qué hora?
“El mismo ritmo de vida y las expectativas a largo plazo sobre los hijos, orillan a los padres a inscribirlos en un sinfín de actividades, la mayoría de las veces lo hacen con las mejores intenciones, no obstante en ocasiones no se aseguran de que sus pequeños tengan la capacidad física, el ánimo y el gusto por hacer todas las tareas que les asignan. Es así como llega el momento en que los niños pierden el entusiasmo, se sienten presionados y obligados a cumplir con las expectativas que sus padres tienen de ellos. Con el tiempo, esto termina por afectarlos en distintos ámbitos de su vida, como es en su rendimiento escolar, en la manera en que socializan con sus pares (niños de su edad) y con sus familiares”, explica el doctor Manuel González Oscoy, catedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
No sientas que por el hecho de que tu pequeño no tenga la tarde ocupada con innumerables clases, dejas de hacer algo por su formación, al contrario, cuando pasas tiempo junto a él en el que comparten el juego y otras experiencias, enriqueces su vida y le das la oportunidad de crecer y aprender en un ambiente de amor y respeto.
Encuentra el justo medio
No pierdas de vista que no se trata de dejar de llevar a tu hija a sus clases de ballet y de natación o evitar que un niño asista al tae kwon do y al curso de inglés, “un punto básico es tomar en cuenta la opinión del pequeño; antes de inscribirlo en alguna actividad, hay que preguntarle si es de su agrado y si le gustaría practicarla; es importante también que el tiempo que le dedique no supere las 3 horas a la semana, pues hay que considerar que debe de disponer del espacio suficiente para realizar sus tareas, comer, descansar y jugar”, agrega el especialista.
Una vez que ambos han determinado la actividad artística, deportiva o educativa que practicará, dale un periodo prudente para que vea si realmente le gusta, si lo hace sentir bien o prefiere cambiar de rumbo. Muéstrate comprensiva con él y escucha las razones que te dé -en caso de que te haga saber que no se siente cómodo- .
La educación de tu hijo es una gran responsabilidad que, si llevas a cabo con amor, dedicación y comprensión, podrás hacerle frente con excelentes resultados. Ten presente que la mejor guía que puedes tener es tu pequeño que con su estabilidad emocional, sus logros y su felicidad te harán saber que vas por buen camino.
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