En ICEF Inglewood Charter Middle Academy procuran aprender de los errores de otras escuelas. (FOTO: Ciro Cesar/La Opinión)
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La clave

 

Boreaux, con más de 25 años de experiencia en educación, incluyendo varios años de enseñanza en el Distrito Escolar Unificado de Los Angeles (LAUSD) señala que el reducido número de estudiantes es un factor crucial.

"Aquí tengo 130 estudiantes en toda la intermedia. Cuando estaba en LAUSD tenía ese número de estudiantes sólo en las clases que yo enseñaba" dice Boreaux, enfatizando que en las macroescuelas que abundan en la ciudad muchos estudiantes se sienten perdidos entre la masa.

Y lo mismo puede decirse de los maestros. Jacqueline Woods, directora de la escuela primaria en Inglewood, señala que el compromiso de los educadores va mucho más allá de las seis horas diarias de clase.

"Dedican horas extra a los alumnos que lo necesitan e invierten mucho tiempo en desarrollar programas creativos", dice Woods, enfatizando que el objetivo es que los niños aprendan, no que cubran sólo en teoría un determinado curriculum.

Para Damon Johnson, padre de un estudiante de séptimo grado, una importante ventaja añadida es no tener que pagar.

"Precisamente para evitar los niveles de fracaso y la inseguridad existente en las escuelas públicas hasta ahora mi hijo había ido a una escuela privada católica", dice Johnson, señalando que eso le costaba unos 10 mil dólares anuales.

Boreaux señala que aunque una mayoría de los estudiantes actuales en Inglewood son afroamericanos, él espera ver una transformación en la que se incorporen muchos jóvenes hispanos. Y como recuerda un cartel en español a la puerta de la escuela, "es gratis y todavía quedan plazas".

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