Usain Bolt celebra su nuevo récord mundial. (Foto: AP Photo/Michael Probst)
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La actitud un tanto apática de las tres primeras rondas de 200 dejó paso al Bolt de los Juegos Olímpicos de Pekín y el de la final de 100 metros. El clamor de los aficionados, que por primera vez en seis jornadas llenaban el estadio, le devolvió la energía perdida y volvió a desafiar los límites de la velocidad humana.

Cuando, el domingo pasado, Bolt rompió los límites de la velocidad humana con un registro de 9.58 en el hectómetro, se hicieron conjeturas sobre la marca que podría hacer hoy en 200, teniendo en cuenta que hace un año, en los Juegos de Pekín, había corrido en 19.30 después de haber acreditado 9.69 en 100.

Shawn Crawford había confesado su inferioridad con respecto a Bolt. El campeón estadounidense pensaba que el jamaicano podía batir su récord mundial por dos centésimas y que para él las posibilidades de batirle eran nulas: "sólo si puedo zancadillearlo sin que me vean, y con tantas cámaras de televisión es muy difícil", bromeó.

Transcurridos dos años desde que Bolt fue segundo, todavía con 20 años, en la final de 200 de los Mundiales de Osaka (le venció Gay en 19.76), el jamaicano ha reforzado a base de títulos y récords mundiales el estatus de astro rey del atletismo, sin parangón con ningún otro atleta de cualquier especialidad.