El seleccionado mexicano Cuauhtémoc Blanco. Eduardo Verdugo / AP
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SAN FRANCISCO.— Acepta que lo llamen "loco". Pero Cuauhtémoc Blanco no quiere irse con las manos vacías.

No quiere irse de las canchas sin depositar una ofrenda histórica en el nicho desolado de gloria del futbol mexicano.

No quiere irse como tantos otros antes que él. Como los de su propia generación –"que ya se murieron todos, ja, ja, ja", bromea—, sin más recuerdos que los consuelos personales con sus clubes.

Hoy encabezó la conferencia de prensa de la selección mexicana de cara al encuentro contra Bolivia.

Y Cuauhtémoc refrendó su locura aceptando que lo llamen orate, quienes piensen que requiere una camisa de fuerza.

"Yo estoy loco. Y siempre lo he dicho. Pero pienso igual siempre. Cuando voy a los Mundiales voy a tratar de conseguir el campeonato del mundo", afirma.

"Ya hemos demostrado que tenemos la capacidad de ganarle a cualquiera. Lo hemos demostrado ante Brasil, ante Italia, ante Argentina, ante Holanda, hemos estado a muy poquito de poderles ganar, pero desgraciadamente hemos cometido errores", enfatiza Cuauhtémoc Blanco.

"Ahora, a este Mundial, vamos por todo, ahora vamos con esa ilusión de hacer las cosas bien y darle una alegría a la afición", subraya.

Porque además reconoce que ya es tiempo de que el futbolista mexicano deje de transitar por esos callejones desolados, tristes, de ser competidor, que al final, equivale a comparsa.

UNA OFRENDA…

Porque generaciones de futbolistas llegan y se van. Desfilan por campos fértiles de promesas y terminan en el páramo infame de la frustración con el epitafio común del "tampoco se pudo".

"Desgraciadamente, como mencionas, he estado en muchas selecciones y no hemos cambiado los resultados. Hay muchos compañeros que ya están retirados, otros ya no están en la selección. Ahora sólo pienso en apoyar a los jóvenes, como lo he hecho siempre desde que estaba en América".