Brasil le gana a todos sus rivales. El scratch du oro no conoce de errores ni de obstáculos, sobretodo luego de su triunfo en la Copa Confederaciones, en la que disputó una final en la que vino de atrás para doblegar a Estados Unidos.
Inglaterra (1-0) y la desconocida Omán (2-0) fueron las últimas víctimas del equipo amazónico, que juega bajo el mando de un técnico joven Dunga, que quiere ingresar al selecto grupo de entrenadores que ha ganado títulos mundiales como jugador y como entrenador.
El equipo verdeamarelha gana, gusta y hasta golea.
Sin embargo, para ganar una Copa del Mundo se necesita más que jugar bien, más que buenas individualidades y más que tener una buena racha.
Aunque la misma filosofía del futbol diga lo contrario.
Para ganar una Copa del Mundo se mezlcan distintas circunstancias que entrelazadas pueden representar la gloria futbolísticas.
Ejemplos claros, son los títulos obtenidos por Italia en los Mundiales de 1982 y 2006.
Los antecedentes nunca favorecieron al cuadro "Azzurri", previo a iniciar esas Copas del Mundo, sin embargo, en un torneo tan corto supo amalgamar todas sus piezas y entregó buenos números con el título incluido.
Todos hablaban de Brasil, que hizo el mejor futbol del torneo, pero quedó eliminado en segunda ronda.
Un claro ejemplo que jugar bonito y con un no siempre es sinónimo de triunfos.
La Francia de Zinedine Zidane, llegó en calidad de local a la Copa de 1998, pero con el antecedente maligno de haber faltado a dos Mundiales consecutivos y con la etiqueta de no tener los argumentos necesarios para suceder a toda la generación de Platini.
Otro ejemplo, fue la misma Brasil de Felipe Scolari en 2002. Logró el pentacampeonato con un equipo que traicionaba las raíces del "jogo bonito", que arrancó timorata ante Turquía, pero terminó haciendo acopio de la magia de sus individualidades para levantar la Copa en Corea/Japón 2002.
En ese mismo torneo, llegaban Argentina y Francia con números envidiables y con planteles de lujo, sin embargo, fueron despachados en las primeras de cambio.
Es por eso que el amplio favoritismo brasileño es un arma de doble filo.
La generación de Kaká, Robinho, Diego, Luis Fabiano y Nilmar serán recordados por mucho tiempo por la brillantez de su juego.
Sin embargo, a ellos solamente les sirve ratificar su condición con la Copa Mundial.