Otro ejemplo, fue la misma Brasil de Felipe Scolari en 2002. Logró el pentacampeonato con un equipo que traicionaba las raíces del "jogo bonito", que arrancó timorata ante Turquía, pero terminó haciendo acopio de la magia de sus individualidades para levantar la Copa en Corea/Japón 2002.

En ese mismo torneo, llegaban Argentina y Francia con números envidiables y con planteles de lujo, sin embargo, fueron despachados en las primeras de cambio.

Es por eso que el amplio favoritismo brasileño es un arma de doble filo.

La generación de Kaká, Robinho, Diego, Luis Fabiano y Nilmar serán recordados por mucho tiempo por la brillantez de su juego.

Sin embargo, a ellos solamente les sirve ratificar su condición con la Copa Mundial.