¿Toluca? Hizo lo suyo, pero por momentos flaqueó ante el empuje del que regresó de la tumba. Con el sostén de Cristante levanta otra copa para ratificar, simplemente, que para ser campeones el arquero debe ser más que un buen atajador, debe ser un afortunado, líder, y respetado por rivales y por árbitros.

La gloria eterna es del Diablo. El arrepentimiento eterno, de Cruz Azul.