NUEVA YORK — “¿Frío? ¿Cuál frío? Esto es celebración”, fueron las palabras de un emocionado Jonathan Lora, de 22 años, quien junto a su hermanito se unió a los millares de personas que se dieron cita en el Bajo Manhattan para vitorear a sus ídolos, los Yankees.
Más pudo el calor humano que las bajas temperaturas. No era para menos, pues nueve largos años tuvieron que pasar para que se repita la historia: tener a los Yankees celebrando otro título, el número 27 de su laureada historia.
Por ello, la emoción de ver pasar por el llamado “Cañón de los Héroes” a los campeones de la Serie Mundial del 2009, pudo más que el frío.
Muchos padres decidieron que sus hijos se pierdan un día de clases y sean parte de esta celebración. Muchos otros prefirieron no ir a trabajar. La celebración valía la pena.
La distancia tampoco fue un obstáculo. Muchos hicieron el viaje desde los condados Westchester y Long Island, o los estados vecinos de Connecticut y New Jersey, porque los Yankees son más que El Bronx.
Grandes y pequeños, aplaudían y aclamaban a los peloteros, quienes respondían al cariño de la gente, a medida que avanzaba el convoy de carrozas, bajo una lluvia de papel picado que los eufóricos aficionados lanzaban desde las ventanas de los edificios ubicados a lo largo de la avenida Broadway, desde Battery Park hasta City Hall.
¿Y los jugadores? Los protagonistas no fueron meros espectadores, pues armados con cámaras fotográficas y de video, al tiempo que saludaban a sus seguidores, se llevaban las imágenes para del recuerdo.
NUEVA YORK — “¿Frío? ¿Cuál frío? Esto es celebración”, fueron las palabras de un emocionado Jonathan Lora, de 22 años, quien junto a su hermanito se unió a los millares de personas que se dieron cita en el Bajo Manhattan para vitorear a sus ídolos, los Yankees.
Más pudo el calor humano que las bajas temperaturas. No era para menos, pues nueve largos años tuvieron que pasar para que se repita la historia: tener a los Yankees celebrando otro título, el número 27 de su laureada historia.
Por ello, la emoción de ver pasar por el llamado “Cañón de los Héroes” a los campeones de la Serie Mundial del 2009, pudo más que el frío.
Muchos padres decidieron que sus hijos se pierdan un día de clases y sean parte de esta celebración. Muchos otros prefirieron no ir a trabajar. La celebración valía la pena.
La distancia tampoco fue un obstáculo. Muchos hicieron el viaje desde los condados Westchester y Long Island, o los estados vecinos de Connecticut y New Jersey, porque los Yankees son más que El Bronx.
Grandes y pequeños, aplaudían y aclamaban a los peloteros, quienes respondían al cariño de la gente, a medida que avanzaba el convoy de carrozas, bajo una lluvia de papel picado que los eufóricos aficionados lanzaban desde las ventanas de los edificios ubicados a lo largo de la avenida Broadway, desde Battery Park hasta City Hall.
¿Y los jugadores? Los protagonistas no fueron meros espectadores, pues armados con cámaras fotográficas y de video, al tiempo que saludaban a sus seguidores, se llevaban las imágenes para del recuerdo.