NUEVA YORK — El dinero no compra la felicidad, tampoco campeonatos, aunque sí ayuda a la causa.
Cierto es que la nómina de los Yankees supera los $200 millones, siendo la más alta de los equipos de Grandes Ligas. Pero no es menos cierto que al superar el límite establecido por MLB, el equipo paga los impuestos de rigor, algo que en última instancia beneficia a los equipos ‘chicos’.
La inversión en los contratos de los lanzadores CC Sabathia, A.J. Burnett y del inicialista Mark Teixeira, que superó los $400 millones, rindió sus frutos.
Más bien, es la unión, la lucha, la entrega, el trabajo de equipo, la fraternidad entre sus integrantes, lo que determina el éxito.
Eso es lo que ocurrió esta temporada con este equipo de los Yankees, que ganaron su último título en el 2000 ante sus vecinos, los Mets.
Tras ocho años de frustraciones, de contrataciones que fueron un total fracaso a pesar de la gran inversión que realizó el equipo de El Bronx en su afán de ganar títulos, este año los ‘Bombarderos’ demostraron que una combinación de talento, unidad y alegría entre los miembros del equipo lleva al triunfo final.
Eso se vio reflejado en los rostros de los jugadores de la novena neoyorquina tras el último out a los Phillies la noche del miércoles: confundidos en un abrazo, saltando y disfrutando como niños, vibrando con la conquista del título número 27 para la franquicia.
Allí, en el campo de juego disfrutaban veteranos y novatos, estrellas consagradas y jugadores que empiezan a destellar, peloteros que por primera vez se consagraban campeones, como aquellos que ya habían saboreado las mieles de ganar un ‘Clásico de Otoño’.
El éxito fue de todo el grupo. Cuando uno no rendía al potencial esperado, otro es el que rescataba a la novena.
Todos, en diferente medida, contribuyeron a la causa, tanto en la campaña regular, como en la postemporada.
Pero no se puede olvidar el impacto que ejercieron en el grupo los cuatro de la ‘vieja guardia’: Derek Jeter, Andy Pettitte, Jorge Posada y Mariano Rivera, los cuatro peloteros que integraron los equipos que ganaron los títulos en 1996, 1998, 1999 y 2000.
Como entonces, Pettitte fue el abridor de los Yankees; Mariano el encargado de sellar la victoria final. Jeter —quien es más bien de los que gustan predicar con el ejemplo— lideró a la hora del bateo. Posada fue pieza clave detrás del plato.
Los cuatro se hicieron estrellas con el uniforme de los Yankees. Los cuatro surgieron del semillero del equipo.
Mientras que Alex Rodríguez, quien llegó a Nueva York como la luminaria más grande, comprendió que el béisbol es un deporte de equipo, que el estrellato personal es secundario si lo que se busca es que el equipo gane el campeonato. Quizá fue el bochorno de tener que admitir su dopaje en el pasado lo que humanizó a este talentoso pelotero, quien tuvo una de las mejores campañas, que se extendió a los playoffs, tapando la boca a quienes lo criticaban por no descollar en la postemporada.
La contratación de los tres mejores agentes libres: Sabathia, Burnett y Teixeira, fue fructífera.
Y el aporte de la nueva camada, con Robinson Canó, Melky Cabrera, Brett Gardner, Joba Chamberlain, Dave Robertson, Phil Hughes, también surgidos de las canteras, no fue menos importante.
Como lo fue el de jugadores como Hideki Matsui, Johnny Damon, Nick Swisher, Eric Hinske, Jerry Hairston Jr., José Molina, Damaso Marte, Alfredo Aceves, entre otros.
Aunque es momento de disfrutar de este título, la mezcla de juventud y experiencia de los flamantes campeones ya hace pensar a los fanáticos de los Yankees en que está empezando una nueva dinastía. Sólo el tiempo lo dirá.
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