De izquierda a derecha: A.J. Burnett, Jorge Posada, Derek Jeter, Mariano Rivera y Robinson Canó examinan el trofeo de la Serie Mundial que ganaron la noche del miércoles en su estadio tras derrotar 7-3 a los Phillies. Foto AP
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El éxito fue de todo el grupo. Cuando uno no rendía al potencial esperado, otro es el que rescataba a la novena.

Todos, en diferente medida, contribuyeron a la causa, tanto en la campaña regular, como en la postemporada.

Pero no se puede olvidar el impacto que ejercieron en el grupo los cuatro de la ‘vieja guardia’: Derek Jeter, Andy Pettitte, Jorge Posada y Mariano Rivera, los cuatro peloteros que integraron los equipos que ganaron los títulos en 1996, 1998, 1999 y 2000.

Como entonces, Pettitte fue el abridor de los Yankees; Mariano el encargado de sellar la victoria final. Jeter —quien es más bien de los que gustan predicar con el ejemplo— lideró a la hora del bateo. Posada fue pieza clave detrás del plato.

Los cuatro se hicieron estrellas con el uniforme de los Yankees. Los cuatro surgieron del semillero del equipo.

Mientras que Alex Rodríguez, quien llegó a Nueva York como la luminaria más grande, comprendió que el béisbol es un deporte de equipo, que el estrellato personal es secundario si lo que se busca es que el equipo gane el campeonato. Quizá fue el bochorno de tener que admitir su dopaje en el pasado lo que humanizó a este talentoso pelotero, quien tuvo una de las mejores campañas, que se extendió a los playoffs, tapando la boca a quienes lo criticaban por no descollar en la postemporada.

La contratación de los tres mejores agentes libres: Sabathia, Burnett y Teixeira, fue fructífera.