En un espectáculo multiculor, más de 200 mil personas se apostaron ayer a lo largo de la calle Figueroa, desde el Staples Center y hasta el Memorial Coliseo, para saludar a sus campeones: los Lakers de Los Ángeles.
No fue fácil hacerse notar entre los miles de fanáticos que se dieron cita en las afueras del Staples Center para vitorear a sus héroes, gritando y mostrando carteles, esperando la salida de los jugadores para iniciar la celebración.
Sin embargo, un grupo de latinos lograron destacar entre la multitud, no por la bandera gigante de los Lakers que uno de ellos ondeaba orgulloso, sino porque los dos niños del grupo llevaban pintado su espíritu en los rostros.
"No tenía camiseta de los Lakers y por eso me pinté la cara", relató Enrique Meléndez Jr., de 11 años, quien tenía el rostro mitad morado y mitad oro.
"Yo he sido un fanático desde que tenía cuatro años y quería venir para poder gritar que me encantan los Lakers".
El pequeño, junto a su padre y otros cuatro amigos de la familia, llegaron desde San Fernando para disfrutar los festejos por los 15 títulos de los Lakers y el primero desde el triplete que empezó en el 2000.
Aunque el otro niño que se pintó la cara, Gilbert Joe Amado, de 10 años, vestía una camiseta del ex Laker Shaquille O’Neal, era claro saber a quién quería ver.
"Me gustaría tener una playera de Kobe, pero se vendieron todas", explicó. "Mi favorito es Kobe porque se quedó, y me gustan los Lakers porque han ganado un montón de campeonatos."
De pronto, los niños dejaron de ser el centro de atención de los fanáticos que deseaban fotografiarse con ellos cuando los Lakers hicieron su aparición sobre los camiones de bomberos para dar inicio al esperado desfile.
"Se lo merecen, todos trabajaron muy duro, creo que significa mucho, especialmente para los nuevos jugadores", dijo Eric Gonzalez, de 24 años, quien acompañaba a los niños y sus padres.
Eric disfrutó de la celebración con su hijo y otros amigos, en tanto que Gilbert Amado Jr., de 40 años, dijo que le pareció muy bien ver a tanta gente a pesar de la recesión que atraviesa la ciudad.
"Creo que es bueno ver a tanta gente disfrutar, sobre todo cuando estamos pasando por momentos tan difíciles con la economía", dijo.
Y mientras caminaban rumbo al Coliseum, aprovecharon para comprar unos "perros calientes" que vendía Carmen Castañeda, quien llegó desde las 8:00 de la mañana para aprovechar la ocasión.
"Vine a tratar de ganar un poco de dinero porque la economía está crítica", confesó.
Y es que a pesar de que muchos cuidan su dinero, algunos vinieron desde muy lejos porque consideraron que el viaje valía la pena.
"Manejé 10 horas para verlos por 30 segundos", contó Noemí Hehn, de 42 años, quien antes vivía en el Condado de Orange y llegó ayer, a las 2:00 a.m., desde Reno, Nevada. "Sí los hubiera visto por televisión, no hubiera sido lo mismo".
También Arturo Guzmán, de 20 años, amigo de Hehn y quien siempre ha vivido en Las Vegas, habló de su amor por los Lakers.
"El año pasado perdimos las finales, pero este año volvimos y les mostramos que podemos hacerlo", expresó. "Sangro morado y oro, y regreso si ganan otra vez."
Antes de desaparecer con su familia y amigos entre un mar de gente, Gilbert Amado Jr. dijo que todos los fanáticos, independientemente de dónde venían y de qué raza eran, se reunieron por una sola razón: "Para ser parte de la historia".