Lamar Odom se eleva para encestar ante la marcación de Craig Smith y Chris Kaman, de los Clippers, anoche en el partido jugado en el Staples Center. (FOTO: [AP])
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Pau Gasol estremeció el recinto y Derek Fisher, puso las notas de histeria, hasta que apareció el caudillo de las misiones imposibles. Sólo el eco galopante de "MVP, MVP, MVP", pudo rebasar esa mezcla bastarda de chillidos, aullidos, chiflidos y aplausos de una tribuna que a su modo trataba de ofrendar el mejor ruido para que Kobe Bryant, aquel que les juró amor eterno, supiera que era correspondido.

En la rotonda de los ilustres, uno asumió el diálogo, breve, conciso, sin recovecos, sin rebuscamientos, como si estuviera en la duela, directo al aro.

"Es una noche especial para todos. Es una noche especial, imposible sin ustedes", dijo dirigiéndose a los 18,997 testigos de la tribuna.

"Estamos de regreso y recordamos que prometimos ganar otro título".

Vítores bajo la danza enloquecida de los lasers.

Era tiempo de guerra.

Los músculos y las pasiones, entumecidos de reposo y de escaramuzas y simulacros de pretemporada, reclamaban duela y duelo.

Todo listo. Incluído el rival, los Clippers, el sinodal… que pondría a sufrir a los Lakers en su majestuosa arrogancia.