Lamar Odom se eleva para encestar ante la marcación de Craig Smith y Chris Kaman, de los Clippers, anoche en el partido jugado en el Staples Center. (FOTO: [AP])
1/1

Era la noche del reencuentro. Noche de regreso. Noche de refrendo. Noche de herencia.

La estrella 15 aún cintila rebosante, vigorosa, y la número 16 ya se empieza a gestar.

Y también, ante los vecinos incómodos, ante los remozados y prometedores Clippers, llegaba el momento de empezar a cumplir la promesa hecha el pasado 17 de junio cuando, en el núcleo del Olimpo de tantas hazañas deportivas mundiales, en el Memorial Coliseum, los jugadores angelinos hicieron un juramento, una cita, un compromiso: ser campeones nuevamente un año después.

Y así comprometerse a reencontrarse en junio próximo otra vez, con la estrella 16 en el firmamento de su propia historia, para festejarla en el mismo lugar, por el mismo motivo… y quizá ante la misma gente.

Y el desfile de la unción había llegado.

Magic Johnson y Kareem Abndul Jabbar habían recogido el granizo efusivo, empalagoso de una afición que se bañaba gustosa en dos aguas, la de resucitar la conquista de junio pasado, y la de la certeza precipitada, o anticipada, de la conquista deseada para junio próximo.

Uno a uno fueron recogiendo el anillo restringido a los colosos que habían recorrido el sinuoso camino al título de la NBA, luego de sepultar a Magic en Orlando.

Y sabían, todos, que al recibir el memorable y minúsculo aro, refrendaban el mayúsculo compromiso de cinco meses atrás.

La sinfonía perfecta, armonizada, estruendosa, entre ovaciones y aplausos, fue un coro in crescendo, desde el reconocimiento a Phil Jackson quien finalmente conseguía el décimo anillo, el que hacía falta para ese dedo desnudo y arrobado ante la ostentación de los nueve hermanos vestidos de minúsculas guirnaldas en oro.