Foto de archivo del portero alemán Robert Enke. (Foto: AP/Matthias Rietschel)
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Berlín, 15 de Noviembre (EFE).- La selección alemana de Joachim Löw inició el complejo regreso a la normalidad bajo la sacudida del suicidio de su portero, Robert Enke, de 32 años, al que el estadio de Hannover dedicó hoy un multitudinario adiós en que nadie, ni futbolistas ni políticos ni aficionados, disimuló las lágrimas.


“Con el saque del miércoles deberemos intentar volver al día a día futbolístico”, dijo el manager de la selección, Oliver Bierhoff, tras la ceremonia del estadio de Hannover, en relación al próximo amistoso contra Costa de Marfil, el Gelsenkirchen.


“El fútbol es emoción y alegría. Veremos si lo logramos”, añadió Bierhoff, quien el miércoles lloró en la conferencia de prensa tras el suicidio de Enke, la noche anterior, víctima de una depresión en que se mezclaban tragedias privadas y el pánico al fracaso.


Más de 40.000 personas, dentro o fuera del estadio, siguieron hoy la despedida del ex guardameta del Barcelona y del Tenerife y hasta el pasado el martes portero de la selección alemana y del Hannover.


“El fútbol no lo es todo. Por encima del rendimiento está el ser humano”, dijo Theo Zwanziger, presidente de la Federación Alemana de Fútbol (DFB), quien agradeció a la viuda, Teresa Enke, al coraje al revelar ante los medios el drama que llevó a su marido al suicidio.


Enke se tiró a la vía del tren el pasado martes, en las cercanías de su casa. Según explicó la mañana siguiente su viuda, de 33 años, Enke estuvo en tratamiento por depresión en 2003 -entonces en el Barcelona- y luego sufrió recaídas.


En 2006 murió su hija de dos años, Lara, víctima de una dolencia cardíaca congénita. Ahora temía perder a su segunda hija, Leila, adoptada en mayo con dos meses, por culpa de una nueva depresión.