Mesura. Calma. Tiempo. Eso sí, con el derecho a ilusionarse.
La selección mexicana Sub-17 está en las instancias en que merece, eso queda claro.
Podría erosionarse la dimensión de sus victorias sobre Brasil y Japón con el argumento de que su mejor jugador ha sido el arquero José Rodríguez, el mismo que fue el chivo expiatorio ante Suiza.
Sin duda, el portero de Chivas fue clave al detener la artillería amazónica y nipona, pero en general el funcionamiento del equipo fue agradable, muy agradable, incluso, por momentos, en la derrota ante los helvéticos.
Llaman la atención los orígenes de los anotadores: Pumas (Carlos Campos), Chivas (Miguel Basulto) y Santos (Carlos Parra), los dos primeros reencontrando la generosidad del trabajo de fuerzas básicas, mientras que por su lado, en el caso de los laguneros, es el proceso de una nueva línea de trabajo desde la llegada de Alejandro Irarragorri y con una propuesta consolidada en el paso de Daniel Guzmán.
Para el Tri-17, viene la etapa más complicada.
No se trata sólo de los adversarios que vienen por delante, sino la sensación de presión, atención y distracción que irán acosando a este grupo juvenil, al que se irá, además, erróneamente, comparando con el Sub 17 que fue campeón en el Mundial de Perú en 2005.
Casi sería tentador que Néstor de la Torre se atreviera a aislarlos, a limitarlos en las conferencias de prensa y a condicionar sus comparecencias.
Históricamente, es constatable, que mientras más se expone al futbolista mexicano, más riesgo se corre de perderlo.
Basta recordar los casos de Martín Galván que estaba llamado a ser la estrella de este torneo en Nigeria, que fue señalado en la página de FIFA, aunque por un corresponsal mexicano, como el inevitable niño prodigio de la escena.
O cómo olvidar el caso de Giovani dos Santos, recuperado ya, reinstalado emocionalmente y convertido en el motor del seleccionado mexicano en una alternancia de mando con Cuauhtémoc Blanco, dos extremos cronológicos que se tocan sin lugar a dudas.
Así, parece cuerdo y urgente blindar a los seleccionados, para evitar que las sirenas empiecen a seducirlos y a encaminarlos incorrectamente.
Ya se vive desazón por la forma en que en este momento se habla de las incorporaciones de Néstor Calderón al Sunderland y del mismo Galván al Arsenal, ambos equipos de la Liga Premier.
El triunfalismo puede sobrevivir perfectamente en la marea frenética del aficionado, pero lo peor que puede ocurrir es que contamine al interior del grupo juvenil.
Y después, ojo, después, sea cual sea el saldo final, sea cual sea el desenlace de este seleccionado mexicano Sub 17, lo mejor es llevarlos de la mano correctamente.
Que no se cometa la torpeza de lo ocurrido con la Sun 17 de Perú.
Porque aquella selección originó dos problemas: hizo pensar que la generación dorada seguiría desbocada ganando Sub 20, Juegos Olímpicos y bueno que debía estar lista para el Mundial 2010.
Y además, lo más indignante, lo más irritante, fue la forma en que algunos clubes los trataron, al grado de no saber cobijarlos, sino de, prácticamente, abandonarlos.
Cómo olvidar el caso de César Villaluz, con la canallada, la cobardía, de un aprendiz de técnico, ya en el fracaso rotundo, como Isaac Mizrahi, quien le negó la oportunidad simplemente por celos, como si en su carrera hubiera pasado de ser un mediocre portero, condenado a la banca, a ser espía de sus cuerpos técnicos y traidor de los vestidores.
Quede claro que a estos Sub 17 no se les debe apapachar en extremo, ni tampoco exigirles en extremo, pero, mucho menos, menospreciarlos.
Hay una anécdota valiosa y la ha contado el portero Rodríguez, quien fue levantado de su tumba por Néstor de la Torre con un mensaje simple de que los grandes competidores se levantan de sus derrotas para saber levantarse de sus éxitos.
Esa presencia de Néstor ayudará a cambiar el rumbo del TRi, en todas sus divisiones y queda claro que su ausencia es lo que tiene a Chivas en grandes problemas no sólo en el Guadalajara, sino incluyendo el Sapissa en Costa Rica.
Claro, Néstor no es omnipotente, ni debe haberse contagiado con ese complejo de absolutismo de Jorge Vergara, pero, queda claro que tiene los pies en la tierra como ex jugador, como ex directivo de equipo y como hermano y primo de dos jugadores que fueron mejores que él en Chivas, pero, ojo, fue el mismo Néstor más inteligente en la cancha, pero él sabe, y lo sabe bien, que perdió el estrellato por dedicarse más a las tentaciones de fuera de la cancha que dentro de ella.
Es decir, queda clarísimo que los procesos de selecciones nacionales están en las mejores manos posibles, y sostengo lo ya alguna vez dicho: debe llegar a la presidencia de la FMF, porque, además, seguramente, dentro de sus imperfecciones, puede ayudar a formar a dirigentes tan buenos o mejores que él.
Por lo pronto, mesura, calma, paciencia.
Este Tri-17 llegará hasta donde su destino lo alcance, pero, afortunadamente, no donde el destino de sus antecesores lo maldigan.
BLOG: blogs.impre.com/marcador
Mesura. Calma. Tiempo. Eso sí, con el derecho a ilusionarse.
La selección mexicana Sub-17 está en las instancias en que merece, eso queda claro.
Podría erosionarse la dimensión de sus victorias sobre Brasil y Japón con el argumento de que su mejor jugador ha sido el arquero José Rodríguez, el mismo que fue el chivo expiatorio ante Suiza.
Sin duda, el portero de Chivas fue clave al detener la artillería amazónica y nipona, pero en general el funcionamiento del equipo fue agradable, muy agradable, incluso, por momentos, en la derrota ante los helvéticos.
Llaman la atención los orígenes de los anotadores: Pumas (Carlos Campos), Chivas (Miguel Basulto) y Santos (Carlos Parra), los dos primeros reencontrando la generosidad del trabajo de fuerzas básicas, mientras que por su lado, en el caso de los laguneros, es el proceso de una nueva línea de trabajo desde la llegada de Alejandro Irarragorri y con una propuesta consolidada en el paso de Daniel Guzmán.
Para el Tri-17, viene la etapa más complicada.
No se trata sólo de los adversarios que vienen por delante, sino la sensación de presión, atención y distracción que irán acosando a este grupo juvenil, al que se irá, además, erróneamente, comparando con el Sub 17 que fue campeón en el Mundial de Perú en 2005.
Casi sería tentador que Néstor de la Torre se atreviera a aislarlos, a limitarlos en las conferencias de prensa y a condicionar sus comparecencias.
Históricamente, es constatable, que mientras más se expone al futbolista mexicano, más riesgo se corre de perderlo.
Basta recordar los casos de Martín Galván que estaba llamado a ser la estrella de este torneo en Nigeria, que fue señalado en la página de FIFA, aunque por un corresponsal mexicano, como el inevitable niño prodigio de la escena.
O cómo olvidar el caso de Giovani dos Santos, recuperado ya, reinstalado emocionalmente y convertido en el motor del seleccionado mexicano en una alternancia de mando con Cuauhtémoc Blanco, dos extremos cronológicos que se tocan sin lugar a dudas.
Así, parece cuerdo y urgente blindar a los seleccionados, para evitar que las sirenas empiecen a seducirlos y a encaminarlos incorrectamente.
Ya se vive desazón por la forma en que en este momento se habla de las incorporaciones de Néstor Calderón al Sunderland y del mismo Galván al Arsenal, ambos equipos de la Liga Premier.
El triunfalismo puede sobrevivir perfectamente en la marea frenética del aficionado, pero lo peor que puede ocurrir es que contamine al interior del grupo juvenil.
Y después, ojo, después, sea cual sea el saldo final, sea cual sea el desenlace de este seleccionado mexicano Sub 17, lo mejor es llevarlos de la mano correctamente.
Que no se cometa la torpeza de lo ocurrido con la Sun 17 de Perú.
Porque aquella selección originó dos problemas: hizo pensar que la generación dorada seguiría desbocada ganando Sub 20, Juegos Olímpicos y bueno que debía estar lista para el Mundial 2010.
Y además, lo más indignante, lo más irritante, fue la forma en que algunos clubes los trataron, al grado de no saber cobijarlos, sino de, prácticamente, abandonarlos.
Cómo olvidar el caso de César Villaluz, con la canallada, la cobardía, de un aprendiz de técnico, ya en el fracaso rotundo, como Isaac Mizrahi, quien le negó la oportunidad simplemente por celos, como si en su carrera hubiera pasado de ser un mediocre portero, condenado a la banca, a ser espía de sus cuerpos técnicos y traidor de los vestidores.
Quede claro que a estos Sub 17 no se les debe apapachar en extremo, ni tampoco exigirles en extremo, pero, mucho menos, menospreciarlos.
Hay una anécdota valiosa y la ha contado el portero Rodríguez, quien fue levantado de su tumba por Néstor de la Torre con un mensaje simple de que los grandes competidores se levantan de sus derrotas para saber levantarse de sus éxitos.
Esa presencia de Néstor ayudará a cambiar el rumbo del TRi, en todas sus divisiones y queda claro que su ausencia es lo que tiene a Chivas en grandes problemas no sólo en el Guadalajara, sino incluyendo el Sapissa en Costa Rica.
Claro, Néstor no es omnipotente, ni debe haberse contagiado con ese complejo de absolutismo de Jorge Vergara, pero, queda claro que tiene los pies en la tierra como ex jugador, como ex directivo de equipo y como hermano y primo de dos jugadores que fueron mejores que él en Chivas, pero, ojo, fue el mismo Néstor más inteligente en la cancha, pero él sabe, y lo sabe bien, que perdió el estrellato por dedicarse más a las tentaciones de fuera de la cancha que dentro de ella.
Es decir, queda clarísimo que los procesos de selecciones nacionales están en las mejores manos posibles, y sostengo lo ya alguna vez dicho: debe llegar a la presidencia de la FMF, porque, además, seguramente, dentro de sus imperfecciones, puede ayudar a formar a dirigentes tan buenos o mejores que él.
Por lo pronto, mesura, calma, paciencia.
Este Tri-17 llegará hasta donde su destino lo alcance, pero, afortunadamente, no donde el destino de sus antecesores lo maldigan.
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