Ha dejado de ser un himno de la tribuna. Ha dejado de ser un coro del Staples Center. Ha dejado de ser una plegaria en el templo de Lakers.
Finalmente, el MVP de Kobe Bryant es de carne y hueso. Lo recibió ayer oficialmente en un hotel ante su familia, sus compañeros, su entrenador y sus dirigentes.
Esta noche lo mostrará ante la feligresía, ante los devotos que estaban, siempre, a Dios rogando mientras Kobe, en la duela, estaba siempre con el mazo dando.
En el fervor del momento, en el clímax de reflexiones, Kobe hizo una promesa que era impensable antes de arrancar la temporada, cuando reclamó su transferencia a cualquier club, harto, afirmaba, de estar en un equipo donde había sido engañado por su dueño Jerry Buss.
Kobe lo dijo seria, firme y lentamente, sin esbozo de sonrisa que pudiera deteriora el juramento: "Me gustaría ser Laker por siempre".
Y el multiestallido de la ovación del casi centenar y medio de testigos notarizó, certificó la promesa.
ANSIEDAD...Era curioso. Era un secreto a voces. Pero había un dejo de ansiedad y de urgencia por su confirmación.
16 cámaras de televisión, quietas, pacientes, como halcones siguiendo a la presa, una hora antes de la cita (2:30 p.m.), aguardaban aguantando la respiración, listas algunas de ellas para transmitir en vivo la buena no tan nueva, pero que por ser doblemente buena, no perdía vigencia.
Curioso. Parecía un clima de adivinanzas, sin haber acertijos. Clima de misterio sin Agatha Christie ni mayordomo. Clima de suspenso sin Alfred Hitchcock ni su cuervo.
Cuando Kobe apareció 11 minutos después de lo previsto (2:41 p.m.), las 113 sillas se llenaron y algunos debieron atestiguar de pie el acto.
Phil Jackson fue el primero en hablar. Con saco y camisa negra, pantalones crema y sandalias, sin calcetines, fue breve y felicitó a Kobe explicando que quién mejor que su jugador, del que alguna vez se divorció, para recibir la designación de MVP.
"Nadie lo merece más que él, porque nadie ha trabajado tanto como él", explicó Jackson. "Ha sido el mejor jugador de la NBA en los últimos seis años, así de simple".
Acto seguido, dio un medio abrazo a un Kobe sentado en una silla alta, de la que nunca se levantó.
De inmediato, tras corta alocución, Kobe recibió el premio del representante de la automotriz KIA y habló breve, erguido, con un traje oscuro y líneas claras, una camisa a rayas y una corbata estampada, mientras el enorme diamante del arete en la oreja izquierda, en complicidad con los reflectores, guiñaba su petulancia por inalcanzable, mientras la mayoría de las mujeres se imaginaban un anillo de compromiso de semejantes proporciones.
"Este premio no es sólo mío. Es de todos en Lakers. Yo sólo no habría podido ganarlo, pero tuve el apoyo de todos, de absolutamente todos", dijo Kobe. "Por eso, pertenece a todos los muchachos".
"Si estamos en Hollywood, bueno, entonces el final perfecto, el desenlace ideal de esta película maravillosa, es que terminemos siendo campeones de la NBA".
"Es un momento de profunda felicidad para mí y espero que alcance a todo el equipo. Ahora todos estamos concentrados en ser campeones", comentó Bryant.
Kobe accedió a enviar un mensaje en español a sus seguidores con una sonrisa que resaltaba el matiz apenado de su rostro.
"¡Hey, amigos, estoy muy feliz por esto [recibir el MVP]. Les agradezco a todos mis amigos y fans... that supported me!", finalizó en inglés entre la carcajada generalizada."Oh, man!", recalcó tras salvar la prueba en español, un idioma al que recurre ocasionalmente con su esposa Vanessa y su familia política.
Concluida la conferencia, tuvo una larga sesión de fotos y besos con sus hijas Natalie y Gianna ("Gi-gi"), y dio breves y rápidas entrevistas individuales a diferentes medios.














