El estrés infantil ha aumentado de manera peligrosa, incrementando las enfermedades psicológicas y los suicidios en menores, debido a la presión social para que sean perfectos y siempre felices, afirmó la semana pasada el escritor Carl Honoré.
El periodista canadiense autor de "Bajo presión", libro que aborda el tema con un ojo crítico y pro-positivo, indicó que se vive "un momento único en la historia de la infancia, donde como adultos estamos controlando a los niños al milímetro, como nunca antes".
Explicó que esto se manifiesta en diversos aspectos, como el sistema educativo, donde a los chicos se les llena con mayor información y se les somete a más exámenes, llegando al punto donde las calificaciones son más importantes que el propio aprendizaje.
También en "el bombardeo abrumador de mensajes publicitarios, que tampoco se ha visto antes en la historia", e incluso en la dinámica familiar, que ha cambiado mucho porque, dijo, los padres se encuentran bajo presión y sienten "el empeño de empujar, modelar y perfeccionar a los niños con una energía sobrehumana para darles lo mejor de todo y hacerlos al mismo tiempo los mejores para todo".
Honoré, padre de un niño de nueve años y una niña de seis, reconoció que esta forma de actuar nace de un instinto natural y noble, pero que en la última generación "ha caído en la caricatura y el exceso".
"El modelo actual de la infancia está fracasando y las pruebas lo demuestran si vemos los problemas que los niños experimentan", aseguró. Con la energía, el tiempo y el dinero que los padres invierten en los niños "tendríamos que estar viendo el nacimiento de la generación más brillante, más luminosa, más sana y feliz de todos los tiempos", sostuvo.










