Hay mucho de qué disfrutar en The Woman in Black. Y, también, mucho de qué asustarse.
Esta nueva adaptación de la novela juvenil de Susan Hill, ya llevada a la pantalla y al teatro, consigue convertirse en un ejercicio magistral de cine de terror gracias no solo a la elegante y eficaz puesta en escena de su realizador, James Watkins (de cuya filmografía destacaría su labor como director de segunda unidad en la sangrienta The Descent: Part II) o al inteligente guión de Jane Goldman (responsable de libretos tan logrados como los de Kick Ass, X-Men: First Class o The Debt).
También merece una especial consideración por la madura, emotiva y arrebatadora actuación de un brillante Daniel Radcliffe, por fin dejando atrás su papel de Harry Potter en la millonaria franquicia y abriéndose él mismo las puertas a una carrera que, vista The Woman in Black, le augura un futuro más que prometedor.
Arthur Kipps (Daniel Radcliffe) es un joven padre, viudo, con problemas financieros, que se ve forzado a aceptar un último trabajo por parte de la gestoría en la que trabaja: desplazarse a un pequeño pueblo de la campiña inglesa con el fin de repasar las cuentas de una mujer recientemente fallecida, propietaria de una mansión en la que años atrás tuvo lugar un evento traumático.
La llegada de Kipps a la localidad desatará no solo la irritación de sus residentes... sino que también despertará sus temores y terrores más siniestros.
The Woman in Black no puede ser descrita exactamente como una cinta original. Bebe, por supuesto, de la fuente original, el libro de Hill, pero también se inspira en largometrajes previos, desde el magistral The Innocents (1961), adaptación de la novela de Henry James, The Turn of the Screw, hasta las producciones españolas The Others (2001) o El orfanato (2007), pasando por clásicos del calibre de The Haunting (la película estrenada en 1963, no su horrible remake de 1999).
Y en ningún momento huye de su condición de largometraje a la antigua usanza, homenaje al cine de terror clásico, en el que los ambientes y lo sugerido era mucho más importante que lo obvio y lo excéntrico.
Nada de ello es un obstáculo, más bien al contrario, para reconocer que nos hallamos ante un trabajo simplemente extraordinario que sumerge al espectador en un mundo de tinieblas, donde el temor a la muerte y la melancolía de los seres queridos idos, sumados al miedo intrínseco de lo desconocido y sobrenatural, aquí representado por una diabólica mujer en negro, conducen a una experiencia absolutamente terrorífica y, en última instancia, conmovedora.
The Woman in Black, clasificada PG-13, vive de los silencios, de las miradas, de los sustos (y hay muchos). La estilosa cámara recorre los recovecos de la mansión protagonista (y de la mente humana) consciente de su habilidad para dejarnos extasiados ante una muestra (casi) magistral de un cine que en ocasiones parece que ya no se sabe hacer.






