Nueva York/EFE — Algunos pacientes de cáncer han encontrado un oasis en medio de la agitada vida neoyorquina, donde reciben el apoyo de “ángeles” que les ofrecen todo tipo de ayuda gratuita para lidiar con su enfermedad.
Desde que abrió sus puertas en noviembre de 2007, el Albergue de la Esperanza (Hope Lodge, en inglés) de la Sociedad Americana del Cáncer, ha albergado cerca de 3,000 pacientes de 20 países y 48 estados, que han tenido desde este lugar fácil acceso a su tratamiento de radioterapia o quimioterapia.
La mayoría de ellos llega al lugar referido por su médico o su trabajador social, dijo Karina Banta, coordinadora del Albergue de Nueva York.
La ubicación del Albergue, con 60 amplias habitaciones en 11 pisos donde los pacientes pueden estar con un acompañante, a pasos de varias líneas de trenes de la ciudad, les permite desplazarse a los diferentes hospitales donde reciben su tratamiento.
La edad de los pacientes en el Albergue, que permanece lleno a capacidad, fluctúa entre los 20 y 90 años; el 54% son hombres y el 46% mujeres, y el promedio de estadía es de unos tres meses, según datos de la Sociedad Americana del Cáncer, que cuenta con un total de 29 centros como éste en EEUU y Puerto Rico.
El Albergue funciona con personal fijo, muchos de ellos latinos, y un gran equipo de voluntarios que brinda apoyo emocional a los pacientes, terapias, sesiones de yoga; otros cocinan y se organizan pequeñas fiestas para llevar alegría a sus residentes en el difícil proceso de su tratamiento.
“Si tuviera que pagar, no tendría con qué por todos los servicios y el trato de la gente de aquí, de las latinas” que trabajan en el lugar, señaló Daniel, uno de varios hispanos que viven en el hogar.
Daniel, de 37 años, a quien diagnosticaron cáncer de estómago en abril de este año, caminaba un día por Manhattan cuando vio la Sociedad Americana de Cáncer y decidió preguntar cómo podían ayudarlo, ya que en ese momento no contaba con tratamiento médico, tras una reciente cirugía, porque el hospital que le atendió aseguraba que no había nada qué hacer en su caso. “Enseguida me consiguieron una cita para ir a ver el oncólogo, que me dio un diagnóstico diferente y un plan de tratamiento. Me dijo que con una combinación de quimioterapia y radiación había la posibilidad de que me curara”, comentó.
Cada uno de los pisos tiene cocina, lavandería y una sala para meditar y el nivel principal cuenta también con una amplia cocina, sala para ver televisión o dedicar el tiempo a los video-juegos, biblioteca, sala de relajación y terraza al aire libre.El Albergue se sustenta con fondos asignados por la Sociedad Americana del Cáncer (www.cancer.org) y donaciones privadas.