El rito del pavo asado en la cena del Día de Acción de Gracias es, sin duda, el renglón culinario que cuenta con más fervorosos partidarios en EE.UU. Foto: Marimer Codina/EFE
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Miami/EFE — El rito del pavo asado en la cena del Día de Acción de Gracias es, sin duda, el renglón culinario que cuenta con más fervorosos partidarios en Estados Unidos, siempre dispuestos a dejarse llevar por la sabia y fértil inventiva de los buenos cocineros.

Inmigrantes con papeles o sin ellos, creyentes o ateos por la gracia de Dios, todos coinciden en un mismo punto- no cabe “agradecimiento” ese día sin pavo en la mesa, en cualquiera de sus variaciones caprichosas.

No van a ser menos que aquellos primeros colonos ingleses (“Pilgrims”) que arribaron en 1620 a las costas de Plymouth (Massachusetts) y, luego de un invierno muy duro, decidieron festejar la cosecha con una cena a la que no faltaron los indios, que tanto les habían ayudado a sobrevivir el primer año.

Y es que cuando se trata de confeccionar un menú para esta cena, el pavo, el taciturno “maleagris gallopavo”, no encuentra rival.

El resultado del arte del chef Gonzalo Rivera (La Marea at The Tide, en Miami) es un trío de propuestas de pavo que innovan con acierto sin perderse en la pirueta o el artificio culinario.

Para la cena del próximo 26 de noviembre, Rivera ha elaborado un menú a precio fijo (75 dólares por persona) que oferta como plato de fondo un suculento trío de degustación- pechuga de pavo de granja escalfado en mantequilla con “brioche” y relleno de arándanos, pierna confitada de pavo con polenta de salvia y miel orgánica y las mollejas de pavo fritas con arándanos azules.

Como dulce corolario, el clásico pudin de pan y semilla de calabaza con un toque creativo de caramelo al brandy y helado de vainilla.