(Foto: Jaguar)
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El XF incluye elementos llamativos que impresionan a las multitudes, como las ventillas del aire acondicionado que se abren y cierran automáticamente cada vez que se enciende o apaga el auto, y la transmisión automática que se opera por medio de una perilla (en lugar de la típica palanca) montada en la consola central. Esta perilla también aparece y se esconde de manera motorizada en la consola al encender y apagar el auto. La verdad es que no le encuentro la función a ninguno de estos mecanismos, aparte de impresionar a tus amigos.

Tendencias deportivas

Siendo un sedán con tendencias deportivas,  la suspensión del XF es firme, lista para atacar esas divertidas curvas con gran compostura. Pero los rines de 19 pulgadas acentuaban excesivamente las imperfecciones del pavimento y me pareció que en general la experiencia de manejo es muy dura para el manejo diario, especialmente hablando de un auto de tal lujo.

En mi opinión, aunque el XF tiene todos los elementos para ser un sedán deportivo de verdad, es en realidad un sedán de lujo con tendencias deportivas. El motor V8 de 4.2 produce 300 caballos de fuerza. La aceleración es adecuada y provee un buen grado de diversión. La transmisión automática de seis velocidades se puede operar semimanualmente por medio de dos palancas detrás del volante, y además tiene un modo deportivo que recorta las velocidades más rápidamente, algo necesario para un manejo más enérgico. Pero la interacción entre el motor y la trasmisión no es realmente deportiva, y los cambios semimanuales son más adecuados para cuando queremos acelerar inmediatamente de vez en cuando, y no tanto para tratar de experimentar un manejo competitivo. Además, la transmisión tiene un modo para invierno que se activa por medio de un botón, y regula la potencia del motor para prevenir derrapes en pavimento resbaloso.