(Foto: Ford)
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En el Shelby GT500, los neumáticos desempeñan un papel importantísimo en lo que toca a la apariencia. Son Goodyear F1 Supercar, de 19 pulgadas en rines de aluminio, en el cupé, y de 18 pulgadas en el convertible. La suspensión fue optimizada para reforzar la estabilidad, redoblando la confianza del conductor a la hora de frenar, acelerar o entrar en una curva pronunciada. Al igual que la mayoría de los productos estelares de Ford, el Shelby GT500 viene equipado con el sistema de control de estabilidad AdvanceTrac, que obedece a distintas opciones de desempeño. Con el sistema encendido, el vehículo está apto para el tipo cotidiano de conducción, mientras que cuando el selector se posiciona en Sport, la respuesta es la apropiada para quienes quieren sentir de lleno la energía del vehículo. El sistema puede apagarse también del todo, dejando en funciones sin embargo los frenos antibloqueo y otros sistemas activos de seguridad. En este acápite habría que incluir también las bolsas de aire frontales, de dos etapas, las laterales y el Sistema de Seguridad Personal de Ford.  

Uno de los aspectos más destacados del Shelby GT500 es el que tiene que ver con la aerodinámica, que fue actualizada para el nuevo modelo con un separador frontal de aire, totalmente rediseñado, que tiene por objeto ayudar a producir más agarre, reducir la resistencia del viento y, en consecuencia, mejorar el desempeño del automóvil. Por dentro, el Shelby GT500 sobresale por la calidad de los materiales que se emplean en su acabado, desde el cuero genuino con insertos de gamuza de Alcántara en las sillas y el volante, hasta el aluminio del tablero de instrumentos, que describen inequívocamente la apariencia de una joya de alta calidad. La apariencia interior puede ser adornada también con las mismas rayas de competición que engalanan la carrocería.