(Foto: Mazda)
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Motor y transmisión

El motor de cuatro cilindros y 2.0 litros produce 167 caballos de fuerza y 140 libras pie de torque. Esto no parece mucho en papel, pero el MX-5 (que pesa sólo aproximadamente 2,400 libras) se siente rápido, con excelente aceleración y una banda de torque amplia. Si bien no es un súper deportivo que te adhiere la cabeza al asiento con una aceleración extrema, este clásico tiene suficiente potencia para mantenerlo a uno con una sonrisa en la cara todo el día. El sistema de escape provee un agradable rugido que nos deja saber que hay pasión debajo del capó. 

La transmisión manual de seis velocidades es particularmente placentera, y me atrevo a decir que es una de las transmisiones más precisas y fáciles de usar que haya experimentado. La corta palanca de cambios sólo requiere pequeños movimientos de muñeca para seleccionar las velocidades, y el embrague es igualmente preciso e intuitivo de operar.

Manejo

La suspensión ha sido ajustada para ofrecer la mayor comodidad pero aún proveyendo excelente maniobrabilidad, estabilidad y agilidad en manejo deportivo. Los viajes largos no son una tortura, como es el caso de algunos compactos deportivos. Los asientos son cómodos, aunque el acolchado no es muy grueso.

La dirección es otro aspecto muy positivo. El MX-5 cambia de dirección casi telepáticamente, con una reciprocidad del pavimento excelente, como es de esperarse en un auto deportivo de verdad.

Interior y amenidades

Siendo un biplaza, no se puede esperar que el MX-5 tenga mucho espacio, aunque Mazda ha hecho un esfuerzo para hacer la cabina lo más cómoda posible. Para este año, las puertas han sido modificadas para permitir menos obstrucción en las piernas, y la cabina en general ha sido ensanchada en comparación al modelo anterior.