Al comercializar sus camionetas de múltiples pasajeros, Mazda tradicionalmente ha dependido de su compañía matriz Ford. Las únicas excepciones han sido la Mazda5 y la recién descontinuada minivan MPV, ambas esfuerzos propios. Pero en el caso de camionetas SUV siempre ha dependido de Ford. Primero fue con la Mazda Navajo, una clonación de la Ford Explorer de dos puertas de primera generación allá para principios de los noventa, y desde el 2000 con la Mazda Tribute, la cual es prácticamente una gemela de la Ford Escape.
Sin embargo, ahora que la SUV tradicional ha estado evolucionando hacia el tipo de vehículo que conocemos como crossover, Mazda ha decidido entrar al ruedo con sus ofrecimientos propios: la CX-7 y la CX-9. Ambos vehículos (introducidos casi simultáneamente para el 2007) tienen una apariencia muy similar. Tienen casi el mismo diseño compuesto de curvas pronunciadas, un parabrisas sumamente inclinado, e incluso guardafangos delanteros que sobresalen de la carrocería inspirados en el Mazda RX-8. No obstante, la CX-9 difiere de la CX-7 en que es un vehículo considerablemente más grande y con tres filas de asientos, mientras que la CX-7 es mediana, con sólo dos hileras.
A primera vista, la CX-9 podría parecer una simple versión alargada de la CX-7 (algo así como el Jeep Wrangler Unlimited), pero las apariencias engañan. De hecho, estas camionetas ni siquiera comparten plataformas. A pesar de las grandes similitudes visuales, son dos camionetas estructuralmente diferentes. La misma Mazda ha expresado que “ni la CX-7 es una versión acortada de la CX-9, ni la CX-9 una versión alargada de la CX-7”. En otras palabras, son modelos totalmente individuales.
Contrariamente a la CX-7, que tiene un motor turbo de cuatro cilindros, la CX-9 tiene un V6 de 3.7 litros que produce 273 caballos de fuerza con un rendimiento de hasta 22 millas por galón en la carretera y 16 en la ciudad. Éste, por medio de una transmisión automática de seis velocidades, puede mover las ruedas delanteras o las cuatro a la vez. La transmisión tiene el sistema Sportshift que permite cambios manuales de velocidad. Algo muy peculiar de esta transmisión es que en el modo manual, para subir de cambio hay que bajar la palanca y para bajar de cambio hay que mover la palanca hacia arriba. Confuso, ¿no? Es cuestión de acostumbrarse, pero al principio decididamente confunde.
La línea CX-9 se compone de un trío de modelos: Sport, Touring y Grand Touring. Mientras escribo esto tengo estacionada en mi garaje una Grand Touring de tracción delantera del 2009 (que muy desafortunadamente tendré que devolver hoy). Es de un atractivo color vino metálico que de lejos luce negro. Está equipada con unos llamativos rines de 20 pulgadas y un sistema de audio Bose con cambiador de seis discos compactos CD, conexión para iPod y otros reproductores de MP3, nueve parlantes y un monstruoso subwoofer que pone los retrovisores a vibrar.
En el párrafo anterior les mencioné sobre la peculiaridad de la operación del modo manual de la transmisión. Pues en el radio hay otro ejemplo de dislexia mazdística. Ustedes saben que desde los tiempos del jardín del Edén, en los radios de autos el botón para sintonizar las estaciones siempre ha sido el derecho y el de subir y bajar el volumen, el izquierdo, ¿cierto? Es como una de esas leyes inquebrantables de la vida como la muerte y el income tax. Bueno, pues en la CX-9, si intentan controlar el volumen e intuitivamente usan el botón izquierdo, estarán cambiando de emisora. Si quieren sintonizar y utilizan el botón derecho no pasará nada ya que ése es el control de audio y hay que hundirlo primero para hacerlo funcionar. El volumen se gradúa en un botón central de mayor tamaño.
Entre el equipo que los tres modelos tienen en común hay una doble unidad de acondicionador de aire, cruise control, sistema de llave inteligente que permite entrada y encendido sin llave y por supuesto, todo power (ventanas, seguros y retrovisores). La Grand Touring tiene asientos de piel que lucen muy elegantes.
Tan atractivo como la carrocería es el diseño de la cabina. En vez de una camioneta, la cabina fue diseñada a modo de un carro deportivo (algo típico de Mazda). Hay elementos del RX-8 presentes en el interior, pero sobre todo en el tablero y el panel de instrumentos cuyos marcadores se iluminan en una magnífica combinación de rojo y púrpura.
Como ya mencioné la CX-9, cuyos precios van desde $30,490 hasta $34,475, tiene una tercera fila de asientos. Contrariamente a otras camionetas así equipadas, en la CX-9 el acceso hacia y desde la última fila es fácil y el espacio para las piernas muy adecuado. Para lograr esto, la automotriz con sede en Hiroshima construyó la segunda hilera sobre unos rieles que permiten desplazarla hacia el frente al momento de abordar o desocupar la tercera fila. Otro punto a favor es que aun con la tercera fila en uso, queda un espacio de carga adecuado.
Un equipo exclusivo de la Grand Touring es el detector del punto ciego. Éste avisa cuando hay un vehículo u objeto en alguno de los llamados puntos ciegos que no se pueden ver desde ninguno de los retrovisores. Cuando lo hay, se ilumina un pequeño icono de un carrito en la esquina superior del retrovisor que detecta el objeto. El sistema va mucho más allá y cuando el conductor enciende la señal de viraje del lado donde se encuentra el objeto, activa una señal auditiva.
El sistema es muy útil, pero a la vez lo encuentro muy paranoico pues se activa aun con vehículos que pueden verse por los retrovisores y que muy claramente se encuentran fuera de la zona de impacto (cosa que me sucedió también con el nuevo Mazda6 del 2009). Las veces que me ha pasado esto, he observado bien para ver si es que además del carro que veo por el retrovisor hay otro en el punto ciego, pero no. La alarma simplemente se enciende tan sólo con que se acerque un vehículo al punto ciego. Esto puede crear una falsa sensación de confianza pues al activarse la alarma y uno ver un carro por el retrovisor, puede pensar que ése es el único objeto presente y cambiarse de carril cuando efectivamente pudiera haber algo en el punto ciego.
Jaguar, la ex prima corporativa de Mazda, tiene un sistema idéntico pero es muy certero. Lo probé en el espléndido XF y avisa únicamente cuando hay algo en el punto ciego.
En general, ha sido muy favorable la experiencia de manejar la CX-9. Tiene todas las conveniencias de un vehículo grande para la familia, pero con la agilidad y ambientación de un carro deportivo que Mazda, de manera muy efectiva, siempre sabe recrear.
Al comercializar sus camionetas de múltiples pasajeros, Mazda tradicionalmente ha dependido de su compañía matriz Ford. Las únicas excepciones han sido la Mazda5 y la recién descontinuada minivan MPV, ambas esfuerzos propios. Pero en el caso de camionetas SUV siempre ha dependido de Ford. Primero fue con la Mazda Navajo, una clonación de la Ford Explorer de dos puertas de primera generación allá para principios de los noventa, y desde el 2000 con la Mazda Tribute, la cual es prácticamente una gemela de la Ford Escape.
Sin embargo, ahora que la SUV tradicional ha estado evolucionando hacia el tipo de vehículo que conocemos como crossover, Mazda ha decidido entrar al ruedo con sus ofrecimientos propios: la CX-7 y la CX-9. Ambos vehículos (introducidos casi simultáneamente para el 2007) tienen una apariencia muy similar. Tienen casi el mismo diseño compuesto de curvas pronunciadas, un parabrisas sumamente inclinado, e incluso guardafangos delanteros que sobresalen de la carrocería inspirados en el Mazda RX-8. No obstante, la CX-9 difiere de la CX-7 en que es un vehículo considerablemente más grande y con tres filas de asientos, mientras que la CX-7 es mediana, con sólo dos hileras.
A primera vista, la CX-9 podría parecer una simple versión alargada de la CX-7 (algo así como el Jeep Wrangler Unlimited), pero las apariencias engañan. De hecho, estas camionetas ni siquiera comparten plataformas. A pesar de las grandes similitudes visuales, son dos camionetas estructuralmente diferentes. La misma Mazda ha expresado que “ni la CX-7 es una versión acortada de la CX-9, ni la CX-9 una versión alargada de la CX-7”. En otras palabras, son modelos totalmente individuales.
Contrariamente a la CX-7, que tiene un motor turbo de cuatro cilindros, la CX-9 tiene un V6 de 3.7 litros que produce 273 caballos de fuerza con un rendimiento de hasta 22 millas por galón en la carretera y 16 en la ciudad. Éste, por medio de una transmisión automática de seis velocidades, puede mover las ruedas delanteras o las cuatro a la vez. La transmisión tiene el sistema Sportshift que permite cambios manuales de velocidad. Algo muy peculiar de esta transmisión es que en el modo manual, para subir de cambio hay que bajar la palanca y para bajar de cambio hay que mover la palanca hacia arriba. Confuso, ¿no? Es cuestión de acostumbrarse, pero al principio decididamente confunde.