Desde su creación en 1941, lo mejor que pudo sucederle al clásico vehículo todoterreno que hoy conocemos como Jeep Wrangler fue que estiraran su chasis y le añadieran un par de puertas traseras. Así ocurrió en su más reciente rediseño en el 2007. Además del eterno modelo de dos puertas, Jeep creó una nueva versión de cuatro que no sólo lo hizo estirarse en tamaño, sino que también estiró sus ventas. Esta nueva variante del papá de todos los vehículos 4x4 lleva por nombre Wrangler Unlimited.
Para el 2004 Jeep ya había introducido una variante Unlimited del Wrangler. Pero ése fue un intento muy tímido de crear un Wrangler más versátil ya que el único cambio fue unas pulgadas extra en el chasis para darle un espacio interior ligeramente más grande. Tan poco fue ese espacio adicional que ni siquiera alcanzó para añadirle dos puertas traseras. Ese Unlimited pasó casi inadvertido por lo que muy bien pudiéramos catalogarlo como una breve nota al calce en la ilustre historia del Wrangler.
La conveniencia de las cuatro puertas más la nueva amplitud de la cabina de la presente generación del Unlimited transformó el Wrangler de un vehículo que pertenecía a un minúsculo nicho del mercado en otro que por fin puede competir en el inmenso segmento de las camionetas medianas. Irónicamente, a la vez que las puertas traseras le permitieron penetrar un segmento tan grande, simultáneamente lo posicionan en otro nicho aun más pequeño que el del Wrangler de dos puertas. Ese nuevo nicho es el de los convertibles de cuatro puertas, cuyo único competidor sería el Wrangler Unlimited. Si mal no recuerdo, en el mercado estadounidense no ha habido modelos con esta configuración desde los días del último paseo de John F. Kennedy.
Aunque no deja de ser rudo, el Unlimited es un vehículo mucho más llevadero para el uso diario que los Wranglers anteriores. El espacio adicional, tanto para pasajeros como carga, es una muy clara prueba de ello. Por supuesto, las puertas adicionales son otro factor que aportan comodidad y conveniencia y facilitan enormemente su uso diario, especialmente en el caso de las familias.
Otro aspecto positivo es el diseño, que a pesar de que ya data de hace dos años, todavía atrae las miradas de la gente. Y es que aun con una apariencia más moderna, Jeep logró mantener íntegra la esencia del diseño clásico que siempre ha caracterizado al Wrangler desde que se convirtió en héroe de la Segunda Guerra Mundial.
Durante los días que tuve el Wrangler Unlimited en Puerto Rico, lo utilicé para mis viajes cotidianos: ir al trabajo, a las tiendas, buscar a mis hijos al colegio y hasta para dos paseos, uno por la costa norte de la Isla y otro por el área montañosa del centro. En todos los ambientes, el Wrangler Unlimited resultó muy divertido de manejar a pesar de sus movimientos bruscos, la lentitud de su aceleración y el altísimo consumo de combustible (el motor V6 de 3.8 litros y 202 caballos de fuerza succiona gasolina a razón de 15 millas por galón en la ciudad y 19 en la carretera). También podría criticar la sobriedad de sus interiores, pero es que eso es precisamente uno de los encantos de este vehículo rudo y simple.
Ahora bien, a ustedes no les interesa nada de eso. Podría escribirles varios párrafos más sobre la medida en que el par adicional de puertas facilita el acceso al asiento trasero y de cuántas bolsas de supermercado o mochilas escolares caben en el área de carga. ¿Por qué hablar del comportamiento sobre la carretera de un vehículo capaz de trepar enormes piedras y atravesar terrenos imposibles de transitar? Lo que realmente quieren saber es cómo se comporta un vehículo como éste en su verdadero hábitat.
Pues de eso también puedo hablarles. Resulta que mi primer encuentro con esta nueva versión del Wrangler fue durante su presentación inicial a la prensa internacional. El evento se efectuó en el mítico Rubicon Trail. Si les suena familiar es porque hay un modelo del Wrangler regular y el Unlimited que precisamente se llama Rubicon. Lleva ese nombre en honor a este antiguo camino que se ubica en la cordillera de la Sierra Nevada en California, justo al oeste del lago Tahoe, que a su vez sirve de frontera con Nevada. En sus mejores tiempos, el Rubicon fue una importante vía de transporte durante la conquista del oeste. Por allí transitaron las personas que se contagiaron con la gran fiebre de oro de California del siglo 19.
Pero aun antes de que el hombre blanco cruzara el Atlántico, el Rubicon era un camino muy conocido por los nativos de Norteamérica. Ésa era la ruta que utilizaban varias tribus de la región para encontrarse con otras y hacer sus trueques.
En 1886 se construyó un pequeño hotel vacacional a mitad de la ruta, por lo que ya para principios del siglo 20 por el Rubicon comenzaron a transitar los rudimentarios automóviles de la época. El hotelito, llamado Rubicon Springs, cerró para siempre en 1920 por lo que el Rubicon Trail cayó en desuso hasta deteriorarse por completo y quedar totalmente intransitable. E "intransitable" es precisamente el adjetivo perfecto para una buena ruta off-road. Así que ya en la década de los cincuenta (y después que la extinta automotriz americana Willys-Overland comercializara la versión civil del Jeep) fue que el Rubicon comenzó a utilizarse como una ruta recreacional para vehículos 4x4. Al día de hoy, es considerada como la ruta off road más difícil de Norteamérica y una de las más arduas en el mundo.
Transitar el Rubicon crea la más contradictoria mezcla de emociones. Aquello es un tormento que causa horror pero también maravilla. Tormento, porque el camino es bien pedregoso. Uno tiene que transitar, nunca a más de 5 mph, encima de peñones y en ocasiones sobre piedras muy afiladas. El camino tiene más piedras que los riñones de un adicto a las gaseosas. A todo esto, el cuerpo siente todos y cada uno de los cantazos que el Jeep recibe mientras trepa por estas piedras.
El horror sobreviene a veces, especialmente cuando hay que pasar a escasos centímetros de riscos imponentes. Según nos contaron, una porción de la ruta se llama Cadillac Hill. El nombre se debe a que hace más de 70 años, por ese mismo risco que estaríamos bordeando, un viejo Cadillac volcó y rodó hacia la eternidad. No fue muy alentador enterarnos de eso.
Menos alentador aún fue saber que por allí hay osos, especialmente cuando tendríamos que acampar una noche. Como prueba de que los había, en muchos árboles vimos las marcas que dejan en los troncos cuando se afilan las garras. Parece peligroso, pero seguramente es más seguro pasar la noche allí que en el Central Park de Nueva York. Durante la noche, solo en mi caseta, escuché gruñidos espeluznantes. Por suerte, eran los ronquidos de otros periodistas.
El temor a los osos y de rodar por un precipicio es opacado por la impactante belleza del lugar. A lo largo de la ruta hay millares de imponentes pinos y árboles centenarios que se levantan a ambos lados de la vereda. Y el cielo allí es del más profundo azul que uno pueda imaginarse. El Rubicon es un lugar inmensamente precioso.
El camino también es sumamente polvoriento. Tanto, que frecuentemente y a veces por largos trayectos teníamos que cubrirnos el rostro con pañuelos. Pero precisamente de todos estos inconvenientes es que se trata el off roading y es lo que lo hace tan divertido.
La ruta es tan desnivelada que en ocasiones, alguna de las ruedas de algún Jeep se quedaba literalmente en el aire. A veces, eran dos las que caían en hoyos a la misma vez. Pero con las 237 libras de torque que provee el nuevo V6, el convoy de Wranglers pudo vencer todos los obstáculos. Tan desnivelado es el camino, que a veces había que remover o añadir piedras para que el vehículo tuviera de qué agarrarse.
Frecuentemente, el silencio del bosque era quebrantado por el contundente sonido de los chasis y diferenciales del Wrangler golpeando sólidamente los inmensos peñones. En ocasiones, cuando la parte inferior del Jeep raspaba las piedras, el sonido era casi industrial. Era algo así como una gigantesca sierra cortando no madera, sino metal, pero en cámara lenta.
Aun con lo extremadamente arduo y extenuante del camino, le vi cierto romance al Rubicon. De vez en cuando, en alguna curva peligrosa o en una empinada cuesta pedregosa o de fango, imaginaba al empleado postal de antaño que montado sobre una mula llevaba en sus sacos la carta que algún hombre le enviaba a su amada que lo esperaba en alguna de las ciudades de la costa del este.
Así que en total, estuvimos largas horas en las que nuestros huesos sintieron los fuertes impactos que los chasis y las carrocerías de nuestros Wranglers daban contra los peñones.
Fueron largas horas de caer en gigantescos hoyos que se querían tragar los Jeeps. Fueron también largas horas en las que pensaba que si el Wrangler podía sobrevivir semejante maltrato en el Rubicon, cuánto más fácil aún se le hará sobrevivir el Rubicon urbano.
Desde su creación en 1941, lo mejor que pudo sucederle al clásico vehículo todoterreno que hoy conocemos como Jeep Wrangler fue que estiraran su chasis y le añadieran un par de puertas traseras. Así ocurrió en su más reciente rediseño en el 2007. Además del eterno modelo de dos puertas, Jeep creó una nueva versión de cuatro que no sólo lo hizo estirarse en tamaño, sino que también estiró sus ventas. Esta nueva variante del papá de todos los vehículos 4x4 lleva por nombre Wrangler Unlimited.
Para el 2004 Jeep ya había introducido una variante Unlimited del Wrangler. Pero ése fue un intento muy tímido de crear un Wrangler más versátil ya que el único cambio fue unas pulgadas extra en el chasis para darle un espacio interior ligeramente más grande. Tan poco fue ese espacio adicional que ni siquiera alcanzó para añadirle dos puertas traseras. Ese Unlimited pasó casi inadvertido por lo que muy bien pudiéramos catalogarlo como una breve nota al calce en la ilustre historia del Wrangler.
La conveniencia de las cuatro puertas más la nueva amplitud de la cabina de la presente generación del Unlimited transformó el Wrangler de un vehículo que pertenecía a un minúsculo nicho del mercado en otro que por fin puede competir en el inmenso segmento de las camionetas medianas. Irónicamente, a la vez que las puertas traseras le permitieron penetrar un segmento tan grande, simultáneamente lo posicionan en otro nicho aun más pequeño que el del Wrangler de dos puertas. Ese nuevo nicho es el de los convertibles de cuatro puertas, cuyo único competidor sería el Wrangler Unlimited. Si mal no recuerdo, en el mercado estadounidense no ha habido modelos con esta configuración desde los días del último paseo de John F. Kennedy.